Columna vertebral

La Haya no es el final del camino

domingo, 11 de junio de 2017 · 00:00
Cuando Bolivia decidió iniciar una demanda contra Chile en 2013, el Gobierno escogió el camino correcto. Impecable desde el punto de vista jurídico y firme desde el punto de vista diplomático y político. Este nuevo escenario confundió primero y descolocó después a las autoridades chilenas, que intentaron, sin éxito, construir una argumentación de respuesta que no funcionó, ni en el escenario de la CIJ en el que su Demanda Preliminar de Incompetencia fue desbaratada y rechazada, ni en el escenario diplomático y político, en los que el país posicionó con claridad la realidad de que sí hay temas pendientes entre ambas naciones y que el Tratado de 1904 no ha resuelto la cuestión central de nuestra mediterraneidad.
 
 Sin embargo, en los últimos meses la firmeza de nuestras autoridades ha generado una equívoca confusión entre forma y fondo. Del otro lado, el desafortunado episodio de los nueve compatriotas detenidos ha llevado las cosas a límites inapropiados. Chile encontró el móvil para tensar la cuerda hasta lo indecible y convirtió un incidente, que debió resolverse por la vía diplomática en pocos días, en un asunto mayor, aludiendo a una supuesta comisión de delitos y un escenario jurídico que no busca otra cosa que enrarecer el ya de sí turbio panorama bilateral. La cereza en la torta fue la huelga de los aduaneros chilenos que bloqueó a nuestro transporte pesado en Tambo Quemado, con la insólita decisión adicional de no proveer alimentos a los bolivianos varados en medio del frío y la nieve.
 
 En ese contexto vale la pena analizar dos posiciones, la de la presidenta Michelle Bachelet y la del expresidente y candidato Sebastián Piñera. La Presidenta, a nueve meses de dejar el cargo, nos cuenta que "Chile siempre apuesta por el diálogo” y que cree en la posibilidad de desarrollar "una agenda bilateral positiva y constructiva” con Bolivia. Lo dice semanas después de acusar personalmente a nuestros compatriotas de haber robado un camión chileno y pretender robar varios más. 
 
 Piñera, por su parte, es lapidario en su polémica con líderes del Frente Amplio que propugnan un cambio de actitud en las relaciones con Bolivia, al reiterar con dureza que "Chile no le debe nada a Bolivia y no estamos dispuestos a ceder ni territorio, ni mar, ni soberanía chilena”. Él mismo anunció hace algunas semanas que analiza la posibilidad de que Chile se retire del Tratado de Bogotá, lo que conduciría a su país a no reconocer la jurisdicción de la CIJ. Son en realidad dos extremos del mismo ovillo… 
 
Nuestra mirada debe estar fija en un punto, el fallo definitivo de la CIJ. Si este es, como todo parece indicar, favorable a una negociación entre ambas naciones, es imperativo establecer un camino que prepare una plataforma de diálogo con nuestro vecino del suroeste. Tender puentes sin que esto tenga que ver con ceder en el contenido esencial de nuestra demanda. Cuando la Presidenta chilena afirma que "la demanda marítima fue un error” ratifica el acierto de Bolivia y explica por qué la política exterior de nuestros vecinos está más cerca de los palos de ciego que de una tradición que -hoy lo vemos- estuvo sobrevalorada. Pero lo esencial es no perder de vista que el objetivo en La Haya es lograr una negociación de buena fe y en términos razonables, para llegar a la anhelada meta histórica. 
 
Ese objetivo, en consecuencia, depende de un genuino clima de buena voluntad entre las partes, de una disposición a sostener conversaciones formales en las que deberán darse propuestas y contrapropuestas, y serán necesarias cesiones para conseguir el acceso soberano al Pacífico. Seamos claros, es tiempo de revisar la forma, es imperativo trabajar en un escenario diplomático en el que se proteja la imagen del Presidente, en el que los niveles de intercambio del tipo que sean, deben estar acordes a la jerarquía de cada funcionario, en el que el Ministerio de Relaciones Exteriores juegue el rol que le corresponde, pero sobre todo en el que se tome en consideración que el día del fallo no es el final del camino, sino el comienzo. 
 
 Será el tiempo de sensibilizar a la comunidad internacional, tan importante como la construcción de un nuevo enfoque entre ambas naciones, sobre una evidencia básica: mientras en Bolivia quien conocerá ese desenlace será el presidente Morales, en Chile quien lo conocerá será un nuevo mandatario, que bien podría ser quien esgrime hoy la posición más radical y cerrada en el tema, y que ya tuvo en el pasado una compleja y agria relación con nuestro país.
 
 Diplomacia es el nombre del juego. No se puede desconocer que la claridad y la defensa de una postura correcta, y adecuada a los intereses del país ha sido una constante desde 2013, pero, de igual modo, no se puede perder de vista que una parte no es el todo, el éxito o el fracaso no se mide por la coronación de una o varias etapas, sino la totalidad de lo que el país busca sin desmayo desde 1910. 
 
Carlos D. Mesa Gisbert fue presidente de Bolivia.
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