Hablando de energía

Los solitarios de Bonn

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viernes, 17 de noviembre de 2017 · 00:00

 Desde el 6 de noviembre se está desarrollando en Bonn la Conferencia de Naciones Unidas sobre el medioambiente COP 23 que concluirá hoy. Es una cumbre sobre el cambio climático en la que se analizan los cumplimientos y expectativas del Acuerdo de París.  Todavía no se tienen documentos oficiales de las reuniones, pero sí se tienen noticias de acontecimientos que han sucedido, que deben ser conocidos.


 El ambiente que domina la reunión es constructivo y de un sano optimismo. Este tono ha sido insuflado desde la inauguración del evento por el anuncio del Gobierno alemán, que ha donado 100 millones de euros para el Fondo de Adaptación al Cambio Climático de los Países en Desarrollo. 


 Como lo indicó la Ministra de Medio Ambiente del Gobierno Federal de Alemania, esta contribución adicional es una señal de lo comprometido que está su país con el Acuerdo de París y, además, un recuerdo de la responsabilidad de todos los signatarios del convenio, que todos estamos embarcados en una lucha por salvar el planeta y que no existe punto de retorno.


 El Fondo de Adaptación al Cambio Climático de los Países en Desarrollo requiere 640 millones de dólares. La donación alemana hará posible que 39 proyectos puedan ser llevados a cabo en África, Asia y Oceanía.


El optimismo que derivó del discurso inaugural  fue fortificado con el anuncio que estaba presente la delegación Siria, muñida de todas las credenciales necesarias para ser partícipe del Acuerdo de París.

Habiendo Nicaragua hecho lo mismo en octubre, el 100% de países del globo terráqueo son signatarios del Acuerdo de París, hecho que no ha sucedido en ningún momento  en toda la historia de la humanidad.


 La nota discordante la emitió el gobierno del señor Trump. La implementación del Acuerdo de París requiere una actividad sostenida por largo tiempo y teniendo Bonn como lugar del secretariado, se vio por conveniente construir pabellones para los países importantes y grupos de países. Estos pabellones están destinados a que los países puedan tener reuniones separadas entre sí o con otros organismos internacionales, fuera del ámbito formal de las reuniones. 


 China, Francia e Inglaterra ya cuentan con sus respectivos pabellones, que están instalados en la zona de Bula, cercana al área de reuniones de Bonn. Son edificaciones de plástico inflables en forma de iglúes, que asemejan una gran aldea polar. El pabellón más grande es el destinado a Estados Unidos, que debía ser inaugurado durante la actual reunión. El gobierno del señor Trump rechazó el ofrecimiento, indicando que no necesitaba ningún pabellón.


 Este aviso fue el detonante para que una delegación no oficial, muchísimo más grande que la oficial, que sólo tiene 41 miembros, se haga presente en Bonn. Esta delegación está compuesta por cinco gobernadores de Estados Unidos,  entre ellos California, representantes de 400 alcaldías y de universidades, centros de estudio, grupos religiosos,  enriquecidos con la presencia de varios de CEOs de grandes empresas privadas norteamericanas. 


 En Bonn este grupo obtuvo gran publicidad y uniformemente sus miembros manifestaron que estaban seguros de que Trump no podrá retirar a Estados Unidos  del Acuerdo de París y si lo lograra, se debe tomar nota de que el sector que no está de acuerdo con la política del señor Trump es cada vez más creciente. Tal es así que para contrarrestar la actitud oficial del Gobierno norteamericano, ya se contaba con más de 1.500 organizaciones en ese país. Además, por la democracia del gobierno federal norteamericano, todas las organizaciones de este frente adverso a Trump continuarán obedeciendo las directivas del Acuerdo de París. 


 Este grupo ha inaugurado provisionalmente el pabellón de Estados Unidos con un gran letrero que dice: “Continuarán en el Acuerdo” (We are still in).


 En las reuniones internacionales, los intermedios para tomar café son escenarios fértiles de información y coordinación. A raíz de lo sucedido, la delegación de Estados Unidos ha ido quedando aislada, nadie quiere sentarse a tomar café con ellos. 


 Lo curioso es que en Bonn hay otra delegación solitaria y es la nuestra. El problema del TIPNIS  es de conocimiento global en estas reuniones e, incluso, ha sido objeto de una recomendación de Naciones Unidas de que no se proceda con trabajos en esa zona. Como la línea oficial para los funcionarios bolivianos es “el TIPNIS se hace o se hace”, nuestra delegación debe estar rehuyendo a reunirse con otras  porque tiene la voz embargada, igual que la de los norteamericanos. 


 En ese ambiente no sería raro que una delegación se anoticie de los problemas de otra y terminen finalmente tomando café en los intervalos de las reuniones formales, pero sólo para comentar otros temas, como la ausencia de Italia en el Mundial de fútbol. Será este tema u otros similares, porque no quieren correr el peligro de que sus intolerantes jefes máximos los acusen de espionaje.

Carlos Miranda Pacheco es ingeniero y analista energético.

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