Hablando de energía

Gas natural licuificado en la región

viernes, 24 de marzo de 2017 · 12:00:00 a.m.
El gas natural licuificado (GNL), más conocido por sus siglas en inglés LNG, no era utilizado en la región. Ahora complementa nuestro gas por gasoducto para satisfacer la demanda de los mercados de Brasil y Argentina. En Chile es el único gas que utilizan.

 Estimado lector, en largos trazos trataré de relatar cómo se introdujo este producto en la región.
 
 ¿Pero qué es el LNG? Gas natural enfriado hasta menos 162º C, con volumen reducido 600 veces se convierte en un líquido incoloro e inodoro. Éste es transportado en barcos metaneros, especie de gigantescos termos flotantes, y en su destino es regasificado para su uso. 

El siglo XX concluyó apacible para la industria gasífera regional.  Mercados y productores importantes estaban conectados por gasoductos. La idea de utilizar el LNG no tenía ningún justificativo. 

Habiendo Repsol descubierto Margarita, inició el siglo XXI con el anuncio de exportar la producción de ese campo convertido en LNG por puertos chilenos. El proyecto no se concretó por la falta de entendimiento con Chile sobre la soberanía en el área del puerto que ocuparía la planta de LNG. El proyecto murió en la Guerra del Gas y el referendo sobre la política petrolera constituyó su lápida y epitafio.

Esos mismos años, Argentina suspendió los envíos de gas a Chile, quedando ese país en una posición muy difícil. Tampoco podía contar con gas boliviano porque el Chile de entonces, de ahora y de un previsible futuro, no desea entrar en una negociación de mar por gas o gas por mar. Esta soledad de aislamiento y el haber ya gasificado su economía, obligó a Chile a iniciar la lenta y cara construcción de una planta de regasificación que era necesaria para recibir el LNG vía tanques metaneros, como era la tecnología de esos tiempos.

Mientras lo anterior sucedía, la exportación de gas boliviano al Brasil era un éxito sin precedentes. Por eso Brasil quedó estupefacto cuando en mayo de 2006 Evo Morales "nacionalizó los hidrocarburos”, pero reaccionó rápidamente haciendo un llamado internacional con su deseo de ingresar al mercado de gas como LNG a la brevedad posible. La respuesta no se hizo esperar. 

En los primeros meses de 2007, los transportistas notificaron a Petrobras que utilizando un barco metanero vacío atracado en un puerto podía servir como planta de regasificación, ahorrando así tiempo y dinero, permitiendo el rápido ingreso al manejo del LNG. Al igual que Brasil, Argentina aceptó la opción. Así, a partir de 2008, ambos países podían recibir LNG.

En esta forma, el LNG de ultramar tomó carta de ciudadanía en el consumo de gas del Cono Sur.
 
De entonces a la fecha han sucedido cuatro hechos importantes: los problemas técnico económicos para el abastecimiento de gas a Europa, la aparición masiva del gas de lutitas (shale gas) que logró el llamado milagro norteamericano convirtiendo a Estados Unidos de importador a exportador de gas, el ensanchamiento del Canal de Panamá para permitir el paso de barcos metaneros y la Conferencia de París, que en la búsqueda de impedir el calentamiento del planeta asigna prioridad al uso del gas.

Reflejando la influencia de estos cuatro vectores, la Conferencia Anual sobre LNG, celebrada en Houston, en febrero pasado, da a conocer que Estados Unidos pretende ser uno de los mayores exportadores de LNG (licuificado shale gas) para abastecer Europa y su área de influencia al sur de Panamá, con precios referidos a los del Henry Hub. 

Así los primeros envíos de shale gas licuificado fueron para Brasil y Chile. Como el shale gas licuificado es el LNG más barato del mundo, se presume que Brasil está consumiendo ese gas difiriendo el consumo del gas boliviano.

Como una nota tragicómica del gran drama mundial del abastecimiento y precios del LNG, nosotros hemos instalado una planta liliputiense de LNG para sustituir unas decenas de garrafas en poblaciones aisladas del país mediante el transporte de camiones criogénicos. No se sabe cuánto cuesta ese LNG nacional. El proyecto más parece un capricho de contar con un juguete, que hasta la fecha nos cuesta más de sus 200 millones de dólares.

De esta historia resumida se puede ver que el LNG auxilia el gas por gasoducto en países con puertos para recibir metaneros. Tomemos seriamente esta señal. Si no descubrimos reservas importantes de gas, después de haber consumido las actuales en exportación, no tendremos suficiente gas para nuestro mercado interno, que ya es importante, con el agravante de que no podemos recurrir al LNG por no tener puertos soberanos para recibir metaneros.


Carlos Miranda Pacheco es ingeniero y analista energético.
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