Hablando de energía

Nuestros hidrocarburos y salida soberana al mar

Por 
viernes, 23 de marzo de 2018 · 00:08

Que el agua y el petróleo no se mezclan no es una verdad absoluta. A inicios de nuestra industria petrolera, 1928, la ausencia de un puerto boliviano soberano para exportar el petróleo que Standard Oil (STD) encontraba en sus concesiones en nuestro país resultó ser uno de los grandes problemas a ser resueltos. 


 La STD llegó a Bolivia con el mandato general de encontrar petróleo para enviarlo a la metrópolis. La empresa solicitó a YPF argentino el uso de sus instalaciones para enviar la producción hasta el puerto de Buenos Aires. La solicitud fue negada con la aclaración de que si se tratara de petróleo producido por una empresa estatal boliviana, las facilidades estaban a su disposición, pero no era posible hacer lo mismo con producción de una empresa privada. Especie de preanuncio para la creación de YPFB, 10 años después.


 Ante esa negativa y con mayores descubrimientos de petróleo en nuestro país, la necesidad de un puerto se hizo más apremiante. Para 1930, la STD diseñó un oleoducto transchaco, que partiendo de los campos bolivianos terminaría frente a Asunción, con la instalación de un puerto petrolero boliviano.

El advenimiento de la Guerra del Chaco desbarató el proyecto. El enfrentar la contienda sin contar con un puerto soberano para la importación de material bélico ocasionó muchas dificultades. Por ese motivo, al finalizar la guerra, el primer convenio internacional que celebró nuestro presidente Busch fue con la República Federativa del Brasil para contar con puertos de libre acceso para importar por el Atlántico pertrechos bélicos, en caso de un nuevo enfrentamiento a cambio de reservar en nuestro territorio un área para compañías brasileras petroleras. 


 Con la nacionalización del petróleo, en 1938,  la producción fue destinada para el consumo interno y pequeños márgenes de exportación a la Argentina.


 En los años 50 del pasado siglo, Gulf Oil Corporation, la entonces tercera empresa petrolera del mundo, hizo conocer su interés de producir petróleo en nuestro país. Por lo sucedido con la STD, Gulf planteó la necesidad de contar con puerto boliviano en el  Pacífico para enviar la producción a Norteamérica. Ese interés coincidió con el ánimo del gobierno de la Revolución Nacional de 1952 de impulsar actividades que aceleren el desarrollo nacional. 


 La necesidad de un puerto boliviano en el Pacífico, reforzada por la influencia del departamento de Estado de Estados Unidos, la Gulf y compañías constructoras de oleoductos, más la buena disposición del gobierno de Chile, hicieron posible la construcción del oleoducto Sica Sica-Arica, en 1956, conforme lo acordado en el Convenio de Complementación Económica suscrito en 1955 entre ambos países. 


 El oleoducto parte de Sica Sica, pasa por Charaña, en territorio boliviano, y de ahí baja por territorio chileno, hasta una pequeña bahía, a unos 10 kilómetros al norte del actual puerto de Arica, donde se ha instalado una estación de almacenaje y carguío de barcos. A la bahía pueden ingresar pequeños tanqueros (T2), que se aseguran a una boya a 300 metros de la costa y son cargados con una línea submarina. Todo el sistema funciona satisfactoriamente hasta la fecha. 


 La producción gasífera del país creció en grandes proporciones, permitiendo para el año 2000 proyectar instalar plantas de gas natural licuificado GNL (LNG en inglés) en la costa del Pacífico, con su correspondiente puerto para su exportación a ultra mar. 


 Por las dimensiones del proyecto, el país planteó que el puerto y el área para las instalaciones de las plantas sean de soberanía nacional. El tema entró en discusiones con el Gobierno de Chile, siendo interrumpidas por luctuosos incidentes en nuestro país, que fueron denominados la Guerra del Gas, que ocasionaron que el presidente electo abandone el país y se produzca la interrupción del periodo de gobierno. Posteriormente se llevó a cabo un referendo que determinó que cualquier tratativa de gas con Chile tome en cuenta la solución de una salida soberana al Pacífico.


 Lo anterior nos muestra que la mezcla de gas natural y agua de mar pueden constituir una combinación política altamente explosiva.


 Resumiendo:  por casi un siglo se está buscando para el sector hidrocarburos, al igual que otros sectores productivos nacionales, el contar con una salida soberana al mar para garantizar su desarrollo por largo plazo. La actual terminal de Arica no es un puerto, es tan sólo una estación de carguío de barcos tanqueros y, además, el Gobierno de Chile ejerce un estricto control sobre las instalaciones, teniéndose un convenio que se renueva cada 20 años. 


 En 2012 nuestro gobierno judicializó el tema ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

Esperemos un dictamen favorable que haga que Bolivia y Chile puedan llegar a un acuerdo para dotar a nuestro país de una salida soberana al mar. Y si no lo fuera, no cejaremos en nuestros esfuerzos, porque nuestra necesidad de contar con una salida soberana al mar es permanente.

Carlos Miranda Pacheco es ingeniero y experto en hidrocarburos.

Permítanos un minuto de su tiempo.

Para desarrollar el periodismo serio e independiente, esencial en democracia, que usted aprecia en Página Siete, contamos con un equipo de reporteros, editores, fotógrafos, administrativos y comerciales de primer nivel.

Los ingresos con que Página Siete opera son producto de nuestro trabajo; no contamos con prebendas de ninguna naturaleza.

Si usted desea apoyar el esfuerzo que realizamos, suscríbase a P7 VIP, para recibir de lunes a viernes una carta informativa por correo electrónico, que contendrá un resumen de las noticias y opiniones más interesantes de Página Siete, a un costo de sólo Bs 15 al mes.

Para suscribirse haga clic aquí o llame al número 2611749, en horas de oficina.

134
28

Otras Noticias