Hablando de energía

Gas boliviano en el océano Pacífico

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viernes, 01 de junio de 2018 · 00:08

 El ministro de Hidrocarburos, Luis Sanchez, anunció que en el marco de acuerdos bilaterales con Perú, se está trabajando un proyecto de construcción de una planta de licuefacción de gas natural (GNL) en el puerto peruano de Ilo, siguiendo la línea de proyectos del Presidente;  además, indico que había empresas extranjeras interesadas en el proyecto.  

 El proyecto en Ilo sería el tercer intento de contar con una planta licuificadora de gas nacional como GNL. 

 En 1974, teniendo la exportación de gas a la Argentina en pleno funcionamiento y contando en Rosario con un puerto libre, importantes firmas japonesas hicieron el ofrecimiento al  presidente Banzer de financiar y  construir una planta de GNL en Rosario para enviar el producto al Japón.  

El ofrecimiento coincidió con la celebración de la quinta conferencia de esta actividad en Algeria (LNG-4). Asistiendo a esa reunión, se obtuvo información necesaria para evaluar la factibilidad técnico-económica del proyecto. Por los indicadores obtenidos en el terreno, más el costo de transporte de gas de nuestros campos y las limitadas reservas, hicieron que el proyecto fuera comerciablemente poco atractivo, que no justificara el correr riesgos con un proyecto de LNG. Así murió el primer intento de contar con una planta de GNL nacional.

 El segundo intento fue presentado por REPSOL en 1999, que habiendo evaluado el campo Margarita, propuso la construcción de plantas de GNL y su respectivo puerto en la localidad de Patillos, en la costa chilena. El destino de esa producción era Baja California, donde el GNL sería regasificado para el consumo en EEUU y México. Las connotaciones geopolíticas del proyecto eran de tal magnitud que se ingresó en un laberinto de tratativas de relaciones internacionales entre nuestro gobierno y el de Chile, sin llegar a ninguna conclusión. 

 Sólo quedó claro el mensaje de que para nosotros cualquier proyecto industrial con materia prima boliviana en la costa del Pacífico de Chile requeriría el solucionar nuestra mediterraneidad. Así también lo entendió Chile, por tanto el proyecto quedó en nada. 

 Es interesante tomar nota que mientras se realizaban las negociaciones Bolivia-Chile,  Perú, en varias ocasiones, ofreció su territorio para instalar una planta boliviana de licuefacción en Ilo que utilice gas boliviano y gas peruano, ofreciendo inclusive el cubrir el costo adicional que representaría un gasoducto boliviano que transporte producción nacional a ese puerto.

 El plan maestro de desarrollo gasífero de Perú consiste en llevar gas de Camisea a Lima, también a Cusco, Arequipa e Ilo, donde se instalaría un complejo petroquímico. Se prevé que la producción boliviana de gas sea utilizada en Ilo en plantas petroquímicas binacionales, justificando así los ofrecimientos de pagar los costos adicionales de transporte de gas boliviano hasta Ilo. 

 Los observadores geopolíticos señalan que si bien el Perú no participaba directamente en el proyecto de Patillos se sentía involucrado en sus repercusiones. Añaden que para los geoestrategas peruanos la utilización masiva de nuestro gas  en costas del Pacífico debe tener un acompañamiento peruano. 

 Parecería que el país que echó al océano el llavero de nuestro encierro estima que el gas boliviano puede ser una llave ganzúa para abrir el cerrojo de nuestro retorno al Pacífico.

 De 2003 a la fecha han sucedido muchos eventos que han afectado profundamente la industria del GNL. Así tenemos la aparición comercial del shale gas,  el Convenio de París, asignando al gas el rol protagónico. La construcción de más y más grandes barcos metaneros y el aumento de plantas de licuefacción.  Finalmente, el desacuerdo del presidente Trump con Irán que representará el suministro con GNL a Europa en lugar de gas ruso. Se aproxima un gran y muy competitivo mercado de GNL.

Lamentablemente nosotros no podremos acceder a esa apertura de mercado del GNL a corto ni mediano plazo, será un mercado, repito, altamente competitivo. La hipotética producción de Ilo con campos distantes en plena declinación y reservas muy limitadas, que requerirán un gasoducto de más de 1.000 kilómetros de largo, más los altos costos de instalación de las plantas de licuefacción, hacen prever que esa producción no será muy competitiva. Pero lo fundamental es que Ilo es una pésima elección para una planta de GNL. El calado de las aguas de su puerto no permitiría que ingrese al mismo ningún barco metanero.

 Lo más lamentable es que por la forma en que ha sido anunciado el proyecto, da toda la sensación de  que la decisión ya ha sido tomada, al igual que se hizo con la planta de fertilizantes de Bulo Bulo. En forma similar se puede terminar con una planta sin tener ninguna forma para llevar la producción hasta los mercados compradores.

 Parecería que nos estamos especializando en producir elefantes blancos. Ya tenemos uno pastando en la selva del Chapare, con un costo de más de  1.000 millones de dólares; ahora estaríamos planeando tener otro a las orillas del Pacífico, en Ilo, a un costo de más de 10.000 millones dólares.

Carlos Miranda Pacheco es ingeniero y analista energético.

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