La cuestión en debate

¿De la recuperación de la democracia a su pérdida?

sábado, 07 de octubre de 2017 · 00:00

Carlos Toranzo Roca

La comprensión de  Bolivia requiere   el rescate de hitos centrales: primero, la recuperación de la democracia, el 10 de octubre de 1982, mediante la asunción del gobierno del presidente Hernán Siles Zuazo, que implica el alejamiento de las dictaduras militares; segundo, la reforma del modelo económico de capitalismo de Estado, fundado en 1952, producido mediante la liberalización de la economía, aprobada en el primer del gobierno de Víctor Paz Estenssoro, en 1985. 

 Por la importancia de la celebración de los 35 años de la recuperación de la democracia, nos centraremos en esta temática y los efectos que tuvo durante muchos años de creación de democracia representativa en Bolivia.

 En la mayoría de los textos interpretativos del país,   en especial de quienes analizaron Bolivia   desde fuera de nuestras fronteras,  se prefirió privilegiar el ajuste iniciado en 1985,   aludiendo ejecución de la Nueva Política Económica (NPE), mediante   la aprobación   del Decreto Supremo 21060.   La elección de este hito, para referirse al cambio del modelo político y económico en el país, a partir de 1985 hasta 2005, posee   la limitación de privilegiar únicamente un dato económico de la historia del país; aludimos al desmontaje del Estado empresario y, consecuentemente,   al intento, en esa época, de la creación de una economía liberal.

Antecedentes 

Posdictadura de Banzer (1971-1978), hacia 1978 llegó la hora de las elecciones, lo cual exigía la presencia de partidos políticos, la existencia de un sistema de partidos; fue la hora del MNR,  del MIR, del PC y hasta los empresarios fundaron su partido, ADN, para lidiar en las elecciones presidenciales. Pero entre 1978-1982, asistimos a la imposibilidad de elegir presidente. Nadie ganaba las elecciones con mayoría absoluta en el contexto de la cultura del pacto y de acuerdos políticos, lo cual derivó en   empantanamientos congresales que  impidieron la elección de presidente, con lo cual se generó un clima de inestabilidades políticas.

 Ni los políticos ni la sociedad sabían cómo alcanzar el poder por la vía del sufragio, pues su historia radicaba en la lógica insurreccional de las masas o en la costumbre de los   golpes de Estado; esas eran formas tradicionales de llegar al poder. Aún prevalecía la lógica de guerra en la política, por eso eran imposibles los acuerdos parlamentarios. Esa lógica era la del amigo y enemigo, que marcó la mayor parte de la historia política del país y que dejó huellas en el siglo XXI, pues el MAS se mueve de acuerdo a esos códigos políticos.

 Los momentos de democracia o, con más precisión, de ausencia de dictaduras eran entendidos por las izquierdas y la sociedad como "veranillos democráticos”, en los cuales las masas debían prepararse para la toma del poder y abrigar la idea de construcción del socialismo. Por su lado, las derechas y los militares apostaban a vencer a las insurrecciones sociales por la vía del golpe de Estado. Ni en la mente de unos ni de otros imperaba la idea que señala que el sufragio es el mecanismo para alcanzar el poder. Esto sucedía simplemente porque Bolivia no había construido democracia representativa. 

 Por la falta de cultura política democrática, entre 1978-1982 vivimos un proceso de alta inestabilidad política marcado por la presencia de  11 presidentes de la República:   Hugo Banzer, Víctor González, a la cabeza de la Junta Militar;   Juan Pereda Asbún, electo en 1978 con un fraude electoral gigantesco; después el general David Padilla, Wálter Guevara Arze, Alberto Natusch Busch, Lidia Gueiler, Luis   García Meza,  Celso Torrelio, Guido Vildoso y Hernán Siles Zuazo. Esa era la Bolivia inestable de ese periodo.

 El 10 de octubre de 1982,   Bolivia recuperó su democracia; en realidad vivió el alejamiento de las dictaduras militares.   La idea democrática hasta ese entonces era comprendida solamente como antidictadura. En esa fecha, luego de la gran manifestación pública en San Francisco, se entregó   la presidencia a Hernán Siles Zuazo, quien había ganado las elecciones en 1979, a la cabeza de la Unidad Democrática y Popular (UDP), frente que aglutinaba al MNR   de Izquierda, al MIR, al Partido Comunista   y al PRIN. Pero como no obtuvo la mayoría absoluta de los votos, se le concedió   la  presidencia   de manera interina a Walter Guevara Arze para que convocara a nuevas elecciones dentro de un  año. 

 Las fuerzas militares impidieron, mediante el golpe de Estado, encabezado por Natusch Busch, que   Guevara Arze siguiera en la presidencia, de ese modo acentuaron la inestabilidad política y violaron la democracia. Lo más duro de la época fue la dictadura de García Meza, entre 1980-1981.
 
En esa época, la mayoría de los bolivianos revitalizaron y renovaron la idea de no vivir con dictaduras militares.

 Luego vino la recuperación de la democracia,  el 10 de octubre   1982. Pero durante el gobierno de la UDP, Bolivia vivía todavía el   sueño de las revoluciones, de explosión de demandas sociales, contenidas durante toda la época de las dictaduras militares, iniciadas en 1971. Fue el retorno a ideas de populismo económico, lamentablemente en épocas en que la economía no estaba bien. Todavía era la hora de los maximalismos obreros y sindicales que complicaron la tarea gubernamental a la UDP.

Democracia, traumas de gobernabilidad, hiperinflación 

 La Bolivia que vivió las dictaduras internalizó la necesidad de la defensa de los derechos humanos, de las libertades individuales, la libertad de pensamiento, la libertad a la  expresión, su rechazo al exilio político, su negación al encarcelamiento por razones políticas. A 35 años de recordar la recuperación de la democracia debemos proteger esa herencia democrática, pues ahora hay sombras de perder esas libertades.

 Pero, el nuevo contexto político iniciado el 10 de octubre de 1982 no tuvo la vida fácil. La UDP vivió o sobrevivió llevando a cuestas dos traumas: el trauma de la ingobernabilidad y el de la hiperinflación. Las elecciones de 1979 no le dieron mayoría parlamentaria a Siles Zuazo y a la UDP; la mayoría parlamentaria   la tenían el MNR y la ADN. En una época donde el diálogo y el pacto no eran parte de la cultura política, la minoría parlamentaria de la UDP se convirtió en un trauma. Siles Zuazo y Bolivia aprendieron que no se puede gobernar sin mayoría   parlamentaria, ahí radicaba el trauma de la ingobernabilidad. 

 De otra parte, esa ausencia de gobernabilidad, junto a la explosión de las demandas contenidas de los sindicatos y de los actores sociales, además   de la reiteración de los sueños de socialismos de muchas izquierdas, condujo a una época de anomia: todos se adjudicaban el derecho de pedir lo querían.   La anomia, la sensación de ausencia de norma, condujo a la existencia de un  gobierno débil, acosado por la mayoría parlamentaria y, lo que es peor, amedrentado por los sindicatos y los actores sociales movilizados por las izquierdas.

 Luego de esa recuperación de la democracia,  el 10 de octubre   1982,   y durante el gobierno de la UDP, Bolivia vivía todavía el   sueño de revoluciones, de explosión de demandas sociales contenidas durante toda la época de las dictaduras militares   iniciadas en 1971, de retorno a ideas de populismo económico. Todavía era la hora de los maximalismos obreros y sindicales que complicaron la tarea gubernamental a la UDP. El periodo 1982-1985 reeditó la lógica del amigo-  enemigo que lastimó a la democracia naciente.

De la recuperación de la democracia al temor de perderla

 Bolivia siempre tuvo el temor a las dictaduras militares, pero nunca supo que, a pesar de lo que aprendió el 10 de octubre de 1982,  el ejercicio irrespetuoso del poder podía lastimar a la democracia cuando éste pretende eternizarse   en el poder.   No respetar   la Constitución, creer que el    derecho humano  número uno es el derecho a ser dictador va contra natura y va contra nuestra costumbre de no aceptar dictaduras. Pero, eso es lo que vivimos con el proceso de cambio.

 Igual que en finales de los 60 e inicios de los 70, la tarea de la sociedad es la defensa   de los derechos humanos, de las libertades individuales,  de la libertad de expresión, la   libertad de prensa. No al exilio, no a la prisión por las discrepancias políticas. 

 Por eso, al celebrar los 35 años de la recuperación de democracia, tenemos el   temor a perderla, pues el   poder nos ofrece el camino dictatorial de Nicaragua o Venezuela. En este momento hay que revalorizar la ética, recuperar los valores; comportamientos como los de Siles Zuazo, que al recortar su mandato pensó más en Bolivia que en su persona. Es un ejemplo a seguir.

 Bolivia ama la democracia. Requerimos movilizarnos para no llegar, vía proceso de cambio, a la dictadura. No quiero otra vez el exilio, no deseo de nuevo estar en la cárcel; quiero que mis nietos vivan en libertad, no quiero que, como   hace años, las dictaduras maten   a mi hermano. Quiero vivir en libertad   y democracia. Por eso valoremos el 10 de octubre de 1982 y tengamos temor de las nubes negras que se avecinan.

Carlos Toranzo Roca  es analista.


 

167
3