La Paz, Bolivia

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Carlos Toranzo Roca

Anomia estatal, ausencia de institucionalidad

Anomia estatal, ausencia de institucionalidad
Huelga de médicos, bloqueos de caminos frecuentes en la vía a Oruro, marchas contra la inseguridad ciudadana, marchas por defensa de los perros, ingreso ilegal de cadetes a Anapol, -sobrinos e hijas de políticos como beneficiarios-, quema de presuntos ladrones en El Alto de  La Paz.  Renacimiento del tema de los autos "chutos” en Challapata, tomas de minas por comunarios, avasallamiento de parques nacionales por cocaleros, expansión de los robos de minerales por los juk’us,  paros cívicos en todo el país, paros y marchas de los empleados de limpieza en La Paz. 
 
Huelgas y marchas de los vendedores de ropa usada, anuncios de paros de los maestros, huelgas "hasta las últimas consecuencias” de trabajadores de salud, marchas de contrabandistas para liberar sus mercancías, huelgas y paros de los transportistas para elevar el precio de los pasajes.
 
 La Paz es un verdadero marchódromo, quienes trabajan en el centro paceño,   cada mañana llevan dos pares de zapatos: los normales y los tenis para caminar y caminar, cuando los bloqueos impiden la circulación. En pleno proceso de cambio los paros se multiplican, superan a los 1.200 al año.
 
Ésto es lo que estamos viviendo en el país. Algunas organizaciones  podrían tener razones fundadas para salir a las calles, otras no tanto y otras distintas enarbolan banderas irracionales.   En muchas de ellas se advierten bronca, rabia contra un sistema económico que no da soluciones en la salud a los más afligidos, contra un gobierno que ofreció todo para llegar al poder, pero que ahora no cumple, pues una cosa son los derechos escritos en  la Constitución y otra una realidad que no da acceso a la salud, que no provee educación de calidad, que no soluciona el tema angustiante del empleo.
 
El MAS llegó al Gobierno no sólo por medio de las urnas, sino usando el camino de los bloqueos. Años atrás el Gobierno se encargó de movilizar a sus adeptos contra el Congreso para aprobar las leyes que quería. Si en Bolivia siempre existió  la política en las calles,  el MAS la generalizó, es el Gobierno quien abonó el camino para que todos los actores sociales usen el bloqueo, la huelga, el paro, para obtener sus demandas, para arrancar al Estado las migajas o favores a los cuales creen tener derecho.
 
La pedagogía   de la calle la extendió el MAS, para llegar al poder y para intentar quedarse en él. Ahora que está en el Gobierno trata de declarar ilegales todas las huelgas y paros que él fomentó; empero apoya las movilizaciones que se realizan contra sus adversarios políticos, eso lo sabe muy bien la Alcaldía de La Paz y de El Alto.
 
 Todas esas movilizaciones, paros, huelgas, bloqueos y manifestaciones implican la falta de respeto por la ley, muestran una situación de evaporación de la norma, de debilitamiento de la autoridad del Estado y del hundimiento de la institucionalidad. Se insiste en que hay un nuevo Estado, pero en la realidad pareciera ser que el Estado se ha desvanecido, porque toda la institucionalidad ha quedado debilitada, sólo queda la voz y el capricho del caudillo. 
 
 Si éste dice que el referendo del 21 de febrero de 2016 no tenía validez, recibe el apoyo obsecuente de todos sus favorecidos.
 
 Ante la demanda de un sector y, después de varios de ellos, surge la sensación de que cualquiera puede pedir lo que sea, fuera racional o irracional, correcto o incorrecto. En buen romance, surge la idea de que "en río revuelto, ganancia de pescadores”. Por esa razón cualquier sector puede plantear su demanda al Estado, no porque la crea urgente, sino, ante todo, porque ven a un Estado débil y, lo que es peor, desprovisto de autoridad. Todo esto es lo que permite hablar de anomia estatal.
 
Ningún Estado y ninguna sociedad pueden vivir  sin solucionar los problemas de la pobreza y de la inequidad. Ninguna sociedad ni su Estado pueden continuar sin problemas si no existen soluciones para los problemas de premodernidad, expresados en la corrupción  existente en el sistema político, en las lógicas clientelares, patrimoniales y prebendales de manejo del Estado, pronunciadas por el MAS.  Tampoco ninguna sociedad y su Estado pueden vivir o hacer apuestas hacia el futuro si se impone la anomia estatal, si no se recupera el respeto por la norma, si no   existe respeto por la ley, si no hay un estado de derecho. Justamente por todo esto, Bolivia requiere hacer cambios profundos en la forma de pensar y manejar la política, simultáneamente, debe avanzar a ganar el respeto por la ley y rescatar la sensación de existencia de la norma. 
 
Hoy la degeneración de la política en las calles  nos está llevando al incremento de la violencia que genera en la ciudadanía   una   sensación   antidemocrática, expresada en la   necesidad de autoridad   para generar el orden. No existe democracia si no hay institucionalidad.
 
 
Carlos Toranzo Roca es economista y analista.
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