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Ciudadanía y corporativismo

miércoles, 21 de junio de 2017 · 00:00
No hay duda que no puede existir una democracia de calidad si ésta no desarrolla procesos de ciudadanización, si no crea   ciudadanos conscientes de sus derechos y también de sus obligaciones; empero, el fortalecimiento democrático tiene muchas facetas.

Para enfocar el desarrollo y profundización de la democracia hay   distintas formas de enfocar el tema, no hay una única manera de tratamiento. Por ejemplo, se puede acudir   a la perspectiva de los derechos o, más específicamente, de los derechos humanos; ésta es una veta de gran importancia para analizar y/o mejorar la calidad de la democracia. Es más, esta perspectiva tiene la ventaja de tener una larga tradición de trabajo pero, a la par, representa a una de las ópticas más modernas de tratamiento de la mejora de la democracia, que tiene más importancia cuando los poderes fuertes, como el actual, violan los derechos humanos.

 Los derechos y obligaciones son un elemento central del acercamiento   a la democracia, pero se precisa dar un paso adelante, que consiste en adoptar una óptica analítica consistente   en   trabajar los derechos humanos a partir de una forma amplia  de comprensión de   los mismos, especificando derechos cívicos, políticos, así como también los derechos económicos, sociales y culturales, a los cuales los Estados no siempre les brindan atención. De otra parte, es imperioso lograr conectar la esfera de los derechos humanos con el   desarrollo e impulso de los procesos de ciudadanización y la mejora de la calidad de   la democracia.

 En esa perspectiva extendida de los derechos humanos, la exclusión política, social, económica o cultural debe ser entendida como una limitación del proceso de ciudadanización o como una barrera al desarrollo de una sociedad democrática. Así, entonces, el camino hacia la mejora de la democracia debe ser comprendido como el esfuerzo de avanzar hacia la ciudadanía plena y la inclusión ciudadana: inclusión política, social, cultural, en especial de los  sectores más vulnerables a los cuales los Estados y sus democracias desatienden.

 Pero el enriquecimiento de la democracia   no puede ser logrado alcanzando únicamente la participación de los sectores más vulnerables, ni solamente de los actores corporativos -hoy dominantes en Bolivia, con los cocaleros a la cabeza-, sino que se requiere, en general, una población consciente del impulso de su democracia. Si bien la equidad aconseja apuntar a los más excluidos, eso   no implica dejar de actuar con el conjunto de la población, con sectores de clases medias o de las élites tradicionales, pues ellos también son bolivianos y requieren un proceso de ciudadanización, de asimilación de derechos y obligaciones, de comprensión de los derechos humanos, y de acceso a éstos. 

 Es más, debe comprenderse también que la profundización de la democracia es una cuestión que puede ser lograda por la vía del desarrollo de una ciudadanía activa, propositiva, de todos los bolivianos y no únicamente de los sectores más vulnerables, ni exclusivamente de los actores corporativos, como sucede actualmente. 

 La democracia no será tal si ella está copada únicamente por cooperativistas mineros, cocaleros, campesinos, Bartolinas, transportistas; una democracia de este tipo, dominada exclusivamente por los actores corporativos, es una democracia de mala calidad, pues ellos, además de autoritarios, por lo único que velan es por sus intereses sectoriales, sin importarles el interés general, que debe ser velado por los actores ciudadanizados, y no agrupados en corporaciones clientelares   que son dominadas por el poder central.

 La Revolución de 1952 creó un poder corporativo y por ello autoritario; aunque la Revolución proclamó el Voto Universal no llegó a la construcción de la ciudadanía, pues a lo que apostó fue a la edificación de un régimen corporativo en el que primaban los corporativismos de los mineros,  campesinos y militares, que fueron sus   corporaciones  medulares. En el proceso de cambio actual  se ha construido un régimen  fuertemente corporativo y autoritario. Cocaleros, cooperativistas mineros,  campesinos, transportistas son la clave del poder. Este poder corporativo tiende a ser cada vez más autoritario, funciona bajo los códigos de amigo-enemigo; por tanto, no tiene capacidad de admitir ninguna crítica y  pone en peligro la libertad de expresión, y la democracia misma.

Carlos Toranzo Roca es economista.