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Lo abigarrado en René Zavaleta Mercado

miércoles, 07 de junio de 2017 · 12:00:00 a.m.
En este mes de junio de 2017 René Zavaleta habría cumplido 80 años si la vida no nos lo habría quitado prematuramente. Todos valoran en grado superlativo sus referencias sobre Bolivia como una nación abigarrada o, con más precisión,  como una forma social abigarrada, como la coexistencia de varios tiempos históricos, de varios modos de producción, de distintas formas de gobierno, de cosmovisiones diferenciadas. 

  Este marxista, Zavaleta, mostró su heterodoxia al remarcar el abigarramiento, las diferencias y no solamente las comunidades o las reglas de regularidad, como lo hacía el marxismo ortodoxo.
 
El MNR, en el cual militó Zavaleta, y lo marcó por siempre,   pensaba en la uniformidad mestiza de Bolivia o, al hacer política, hablaba de alianza de clases.

 Después, el Partido Comunista, en el cual militó también Zavaleta, hablaba de las clases sociales y ponía en el núcleo de la política al proletariado, a la dictadura proletaria, como su norte o utopía a seguir, utopía que hoy en día se diluyó. Ni el MNR ni el PC se ocuparon de rastrear la diversidad social, menos aún la cultural. En el presente se habla mucho de ella, pero en realidad se hacen apuestas políticas monoculturales, en especial desde el poder.

 Por más que se haga un ejercicio forzado por decir que Marx y Lenin pensaron en la heterogeneidad, me atrevo a pensar más bien que ellos cavilaron con más fuerza en las homogeneidades, en las leyes de regularidad, emergentes del desarrollo del capitalismo. Y, obviamente, el PC, con más dogmatismo que apertura a la  diversidad, a la pluriculturalidad o a la plurietnicidad, no miró, quizás no pudo, por las limitaciones históricas de su tiempo, observar los distintos territorios de las diversidades, lo suyo no era la apertura, sino la cercanía al dogma clasista.

 Para Zavaleta, hace más de treinta años, lo abigarrado era lo complejo, lo heterogéneo, era un modo de pensar la diversidad dejada por el colonialismo; remarcaba ante todo la existencia de tiempos históricos distintos, de modos de producción diferentes; su código definicional tiene las marcas del marxismo, pero con algo de heterodoxia al mira la diversidad. 

 Su análisis era muy cercano a la mirada del troskysmo que hablaba de desarrollo desigual y combinado, pues con parecidos códigos marxistas a los de Zavaleta, observaba la existencia superpuesta de distintos modos de producción, y, por qué no, de diversas superestructuras políticas, legales o culturales. Empero, al igual que el PC apostaba sólo por el proletariado o la revolución socialista.

 No hay duda que el abigarrado zavaletiano es un anticipo para la puesta en escena conceptual de los temas de la diversidad social, de la pluriculturalidad, de la multietnicidad, de la plurinacionalidad. Fue un anticipo temprano del presente, en esa medida él fue un pionero del análisis de la diversidad social.

 Pero aquí es preciso poner ciertos recaudos analíticos, dado que lo que vemos y analizamos hoy, no era el abigarrado al cual se refiere Zavaleta, hay mucha distancia de contenidos entre uno y otro. En el presente, luego de la Revolución Nacional de 1952, después del empuje intelectual de los katarismos, que colocaron en escena la diversidad social, cultural, étnica y de lenguas, elementos que quedaron plasmados en la Constitución Política de 1994. 

Después de la Marcha por la Dignidad y la Vida, después del inicio del proceso de cambio, después del despliegue de muchos movimientos indígenas, después de que el mundo, siguiendo al postmodernismo, comenzó a posicionar su reflexión sobre temáticas indígenas, identitarias, de género, de generaciones, de culturas diversas, de naciones, después de todo eso, la diversidad que hoy se analiza es más compleja. Es una época no sólo de pluriculturalidad, de plurietnicidad, de plurilingüismo, sino que más allá de eso es de hipótesis aún no consumadas, de construcción de interculturalidad.

 Así pues, sirve la prevención analítica de Zavaleta sobre la necesidad de observar y analizar el abigarramiento social, pero su abigarrado tenía como pareja conceptual a la centralidad proletaria; pero, para que su concepto sea herramienta útil de análisis, requiere todos los enriquecimientos analíticos, históricos  y conceptuales que emergieron durante estas décadas y que no estaban  disponibles en el horizonte de cognoscibilidad y de visibilidad que tenía Zavaleta hace 30 años. 

 Por de pronto, las sociedades ya no se miran únicamente a través del lente de las clases sociales, de otra parte, a diferencia de los años de análisis de Zavaleta, vivimos en Bolivia un proceso fuerte de desproletarización, de cuasi desaparición del proletariado minero,   de informalidad del empleo, de modo que el concepto de la centralidad proletaria, mirado como la forma primordial para el análisis de la política ya no existe, como no existe la utopía del socialismo, de ésa que Zavaleta decía que es el  destino de Bolivia.
 
Carlos Toranzo Roca es economista y analista.
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