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La comunicación, una necesidad

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miércoles, 25 de abril de 2018 · 00:07

Cada vez más parece ser que la comunicación es una cuestión de iniciados, de  especialistas que discuten técnica y académicamente esas problemáticas. Esos profesionales tocan sus temas  con categorías propias de su ámbito académico, las mismas que no siempre están  al alcance de las personas comunes, como quien escribe estas líneas. La comunicación debe ser de importancia vital para el desarrollo, para la política y la vida cotidiana, pues mucha gente expresa que sin comunicación las cosas simplemente no existen. Hay otros que llegan al extremo de decir que aquello que no pasa por la comunicación no existe.


  Hay necesidad de preguntar a los especialistas si al hablar de comunicación nos estamos refiriendo solamente a medios de comunicación. Parecer ser que ambas categorías no expresan una identidad.

La primera parece más genérica, pero intuyo que cuando la gente se refiere a comunicación inmediatamente  la asocia a medios de comunicación. ¿Las redes sociales hacen parte de éstos? Algo que no siempre queda muy claro para todos es saber  qué es un comunicador, pues de manera elemental pareciera asociarse esa idea a la de periodista. Pero muchas veces se oye el reclamo de algunas personas que no se sienten cómodas cuando las definen como periodistas y ellas aclaran que son comunicadores sociales. Entonces cuál es la diferencia entre esas categorías.


   Los temas de la comunicación y de los medios de comunicación son de tal importancia que mucha gente cree que la política, que los fenómenos sociales podrían ser muy diferentes a la realidad pintada por los comunicadores si no habrían medios de comunicación, o si no habrían las distorsiones de la realidad creadas por los medios de comunicación. Es demasiado fuerte la creencia popular que entiende que, por un lado,  los medios crean la realidad o, por otro, que ocultan la realidad, por tanto, que la realidad mediática es distinta a la realidad real. 


 Es tan fuerte ese conjunto de creencias de la población que los medios  de comunicación –desde esa perspectiva- devienen en ser las instituciones omnipotentes que diseñarían la realidad a su modo.

Desde  un asiento  común de observador, me resisto a creer que ese peso sea tan fuerte como para que los  medios puedan crear otras realidades y ocultar las existentes. 


 En el caso de una dictadura o gobierno autoritario, es posible que los medios oficiales comuniquen, informen lo que deseen que, en muchos casos, conduzcan a borrar algunas realidades y a exaltar otras. Pero ni en ese caso se podrán borrar toda la realidad existente.


  En los casos de democracias híbridas, como la que vivimos, podrá  haber distorsiones de los medios, énfasis  distintos, pero eso  de crear totalmente realidades inexistentes suena a ir muy lejos. Inclusive parece que es un exceso entender  que los medios, aún siendo oficiales oculten  totalmente las realidades “reales”, hasta el extremo de  hacerlas desaparecer. Además, hay medios y medios, no todos son iguales; no todos poseen los mismos propietarios, las mismas inclinaciones, los mismos comunicadores, las mismas utopías, los mismos salarios.


  En fin, son diferentes. ¿Cuál de ellos borra totalmente la realidad, cuál de ellos inventa otras realidades, cuál de ellos lo distorsiona todo? Difícil, difícil, dar respuestas a temas tan escabrosos, más aún en épocas en que las redes sociales destapan lo que el poder querría tapar.


  Si en la realidad hay violencia, confrontación, incompetencia, corrupción, tendencias autoritarias, dogmas, prejuicios, al fin de cuentas, todo eso será parte de lo que comuniquen los medios. Intuyo  que con sus respectivos énfasis, con sus amores y desamores, con sus ideas políticas propias, con sus mandatos, los medios nos ponen por delante, en la radio, en la televisión, en los periódicos, en las redes  todo aquello que están viendo –viendo con sus propias cristales-. Aunque sean muy poderosos, en especial los estatales, no por ello  pueden crear la realidad. Una cosa es crear la realidad y otra muy distinta influir en ella.


  Además, debe quedarnos claro que detrás de los medios están muchos actores, en especial el Estado. La hipótesis que expresa que los medios generan  realidad parece excesiva. Pero no deja de ser cierto que los medios tienen más  capacidad de agendar temas que los propios partidos políticos.

Es más, el rol de mediación, otrora hecho, con ventaja o desventaja, por los partidos políticos, ahora lo hacen, de alguna manera, lo medios con más facilidad, prontitud, pero no siempre con eficiencia.

Pero, otra parte  radica en indagar  quién agenda la agenda de los medios. 


 En regímenes autoritarios es el Estado el que procura ser el único encargado de agendar temas, pero no siempre logra tener el monopolio de esa actividad, menos aún hoy, cuando las redes sociales han complicado y enriquecido la temática de la comunicación.

 Carlos Toranzo es economista.

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