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Matar jóvenes, una constante

Matar jóvenes, una constante
Matar jóvenes, una constante
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miércoles, 06 de junio de 2018 · 00:07

La Venezuela de Chávez, seguida por Maduro, prometió el socialismo del siglo XXI, respeto a las instituciones de la democracia; ofreció las más amplias libertades democráticas para los ciudadanos, discursó sobre la transparencia y las formas de eliminar los vicios de los políticos del pasado, ofreció austeridad, industrialización, generar un país desarrollado, respetuoso de la vida humana, alardeó sobre la soberanía y no injerencia de otros países.  Pero hace una década sabemos que nada de eso se cumple; todo fueron palabras y más palabras, Venezuela está sumida en una crisis institucional profunda, sufre crisis alimentaria y humanitaria, miles de venezolanos salen de su país, acosados por el hambre y la falta de libertades democráticas. 

 ¿En qué quedaron las promesas? En nada. Cuando lo central para un gobernante es la búsqueda del poder y su perpetuación no cuenta nada más ni la democracia, ni las instituciones, ni la ética, ni la moral. Tampoco cuenta la tan alardeada soberanía, pues hace más de una década una buena parte de la política interna de ese país la definen los cubanos. Además, ellos son parte de las fuerzas de represión y la inteligencia cubana es aquella que define cómo reprimir desde el poder para mantener al dictador.

  Esa Cuba que hablaba de “vivo en un país libre”, ese país que enamoró a muchos jóvenes con la nueva trova es ahora el encargado del trabajo sucio de la dictadura venezolana. Cuba, Maduro, sus militares, la dictadura, son las responsables en estos dos años de más de cien muertes de defensores de la democracia; los más de ellos jóvenes, cientos de vidas segadas de quienes soñaban con un futuro libre. Tantos asesinatos por mantener el poder, por ahondar la corrupción, por convivir con los militares y todo tipo de represores. En eso acabó la que se decía ser una revolución.

 Otro que habló de revolución, de transparencia, de industrialización, de soberanía, de libertades democráticas, de oportunidades para los jóvenes, de respeto a la vida humana, es el Presidente de Nicaragua. Ese que cantaba los coros de Cristo que nació en Palancahuina; ese que enamoró a muchos jóvenes con el ideal de hacer la revolución sandinista y construir un país de libertades, también traicionó sus palabras. 

 Los dirigentes sandinistas se apoderaron de la piñata del poder, tomaron los ranchos, los palacios de los poderosos para convertirlos en sus viviendas personales. Éstos, al igual que los que dominan el poder en Venezuela, abdicaron de la moral y de la ética; faltaron a los valores de la vida, violaron las veces que quisieron su Constitución, se hicieron reelegir apelando al “derecho al trabajo”, como otro, más al sur, que busca su reelección apelando a la defensa de su “derecho humano” de ser candidatos eternos.

  Ese dictador, Ortega, violó repetidamente a la hija de su propia esposa, pero esa grave falta no tuvo condena; al contrario, tuvo premio, pues sigue siendo Presidente; dictador que también quiere ser eterno. ¿Y la madre de la niña violada defendió a su hija? No, no lo hizo; al contrario, se unió más con el violador y ahora es la Vicepresidenta de Nicaragua. Así medró esa madre, así aprovechó para sí la violación de su propia hija.

  Ésos sin ética, sin moral, son los que gobiernan Nicaragua. Entre abril y lo que va de este mes la dictadura asesinó a más de cien jóvenes, los más de ellos universitarios que ahora reclaman por derechos humanos y porque se vaya la dictadura. Quienes viven sólo para mantener el poder no se conduelen ante la muerte de los jóvenes, no les importa la sangre de ésos que buscan un futuro mejor para su patria. Ni a Maduro, ni a Ortega, ni a sus dictaduras les importa la vida humana, quieren seguir en el poder a pesar de tener las manos llenas de sangre.

 En nuestro país hace diez años el régimen dijo que no habría muertos, que si había uno solo dejaría el poder, pero en esta década hay más de 50 muertos en distintos enfrentamientos y movilizaciones; no pocos de los asesinados han sufrido el impacto de canicas, ¿método venezolano, método boliviano de represión? La muerte de un joven en El Alto no es una excepción de lo que sucede en Venezuela o Nicaragua; todas esas muertes se fundan en que los gobernantes enceguecidos sólo gobiernan para mantener y perpetuarse en el poder. A ninguno de ellos, allá  o aquí, les importa la vida humana, la vida de los jóvenes. Simplemente los asesinan sin ningún arrepentimiento.

Carlos Toranzo Roca es economista y analista.

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