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López Obrador y Peña Nieto

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miércoles, 04 de julio de 2018 · 00:11

Netflix nos relata cómo en Brasil se impuso El Mecanismo, esa relación perversa entre el poder político, presidentes, senadores, diputados y empresarios contratistas de todo tipo que nunca han valorado la ética, sino el enriquecimiento rápido; izquierdas y derechas han usado el mecanismo, lo han aprovechado para sí. Ellos no se diferencian por sus ideologías, sólo usan el discurso en favor del pueblo para lograr sus intereses, pero en el fondo son lo mismo, están cortados por la misma tijera de la corrupción. 

 Juntos, izquierdas y derechas, han hundido al Brasil. Una pequeña reacción de un juez probo ha servido para llevar a prisión a muchos políticos y empresarios, los cuales, desde las cárceles, siguen digitando sus fortunas en bancos de todo el mundo. El poder político brasilero está todavía encabezada por gente corrupta que también estaba involucrada en el mecanismo. Están libres y parece que lo estarán aún porque da la impresión que Brasil no quiere más olas, mira a otro lado, deja pasar la corrupción porque quisiera crecer, tener empleo y oportunidades para esos muchos que salieron de la pobreza y que podrían retornar a ella.

  Pero, de dónde surgieron muchos de los populismos en América Latina o regímenes de izquierdas, emergieron de los errores y excesos de gobiernos de derechas, todos los cuales estuvieron comprometidos con problemas de corrupción, con un uso corrupto del poder, el lujo y el dispendio eran normales en esos gobiernos y, además, políticas públicas que no miraban con profundidad la pobreza y la inequidad. 

 En rechazo a ellos surgieron gobiernos populistas y de izquierdas que vinieron portando las banderas de la equidad, la lucha contra la pobreza, la transparencia, el uso austero de las arcas fiscales, la eliminación de la soberbia y la apertura del camino del “hombre nuevo” que sea portador de valores y que una la ética con la política. 

 Chávez, Maduro, los Kirschner, Ortega, Morales y muchos otros más son la antítesis de todo lo que ofertaron; el “hombre nuevo” resultó ser poco austero, soberbio, más corrupto que todos los gobernantes anteriores. Esas izquierdas y populismos fueron más voluptuosos con el manejo del poder que todos sus antecesores. Los más de ellos destruyeron sus economías, violaron los derechos humanos. Venezuela y Nicaragua son testigos de centenas de crímenes por defender el poder. En casi todos los casos, la violación de la libertad de prensa y la libertad de opinión ha sido una constante. En todos esos regímenes se han caído los valores y no existe ninguna relación de la política con la ética.  

  México descubrió el “mecanismo” hace más de 90 años, su partido de gobierno, el PRI, lo usó casi siete décadas, la Revolución mexicana, y el PRI creó una cultura política tolerante con la corrupción; los políticos mexicanos sabían muy bien que era un error estar fuera del presupuesto; se acostumbraron a la corrupción, la perfeccionaron. 

 Como México es un país inmensamente rico, cada uno de los poderes era manejado por un faraón, que se sentía dueño de casas y de haciendas, que administraba el poder de manera discrecional. Usaron los fondos públicos para su enriquecimiento personal.  El México faraónico generó regiones de primer mundo, de alto crecimiento y de importante tecnología; pero dejó sumidas a otras regiones en la pobreza extrema. El México actual es una mezcla entre el superdesarrollo y el más intenso subdesarrollo. Ese México acostumbrado a la corrupción, también fue tolerante con el narcotráfico y el crimen organizado, por eso sufren miles de muertes al año, junto a la penetración de los males del narcotráfico a la política.   

  Peña Nieto fue el símbolo de la corrupción, la Casa Blanca es la metáfora de su gobierno, la ausencia de transparencia lo hundió. El México nacionalista recibió el insulto de la invitación del gobierno a Trump. Junto a la corrupción estuvo la soberbia, el lujo y una buena cuota de ignorancia. Todo esto irritó a los mexicanos, Peña Nieto se convirtió en el jefe de campaña de López Obrador. Los mexicanos heridos en su fuero íntimo reaccionaron votando por AMLO, no les importó si éste tiene ideas o no las posee, o si mira al pasado. 

No les importó que sus hijos manejen los recursos de su campaña, miraron a otro lado cuando la maestra Elba Esther Gordillo se acercó a López Obrador, olvidaron que este líder se formó en el PRI. La mayoría de los mexicanos votaron con una esperanza: que ojalá se luche contra la corrupción y el dispendio. México desea tener esperanza, ojalá AMLO no traicione a sus electores.

 

Carlos Toranzo Roca es economista y analista.

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