La Paz, Bolivia

Lunes 25 de Septiembre | 05:48 hs

Recuerde explorar nuestro archivo de noticias

Jueves rojo, 1980

Jueves rojo, 1980
"Y tú, Neyo,  ¿te animas a levantarte contra la Lidia?” preguntó Luis García Meza al coronel Avelino Rivera Parada, acostumbrado a recibir la visita de distintos generales que buscaban salvar a la Patria en esos días en que los rescatistas abundaban. Eran las seis de la tarde del 15 de julio de 1980 cuando el comandante del Ejército, general Luis García Meza, apareció sin avisar en la oficina de Avelino Rivera, comandante del Distrito Naval Nº 2 en la ciudad de Trinidad, al norte del país.
 
Rivera, harto de que los estudiantes estrellasen botellas y ladrillos en las viviendas de los oficiales, harto de mirar cómo el único canal de televisión de la ciudad no hacía más que desprestigiar a sus Fuerzas Armadas, convencido de que el país estaba de cabeza y nadie hacía caso a la señora Gueiler, dijo: "Sí, mi General, y no lo hago mañana por respeto al aniversario de La Paz, pero pasado mañana sí”. García Meza preguntó lo mismo al coronel Francisco Monroy, comandante de la 6ª División de Ejército, también en Trinidad, y éste estuvo de acuerdo. Entonces El Maestro, ese hombre tosco y crudo que hasta hace poco nadie miraba más allá del cuartel, ese soldado que había logrado cuajar en su propia figura de hombre bronco el sentir de todos los miembros de las Fuerzas Armadas, sentenció: "Hecho. El 17 nos levantamos y ponemos orden en este país”.
 
A las cuatro de la mañana del 17 de julio de 1980, las tropas al mando de Avelino Rivera y Francisco Monroy se desplazaron por la ciudad de Trinidad y tomaron la Prefectura, la Alcaldía, la universidad, el aeropuerto y todas las instituciones y medios de comunicación. Pedían la renuncia de la presidenta Lidia Gueiler Tejada.
 
Mientras el país miraba hacia Trinidad, más tarde en La Paz, los paramilitares de Luis Arce Gómez asaltaron la sede de la COB, asesinaron a Marcelo Quiroga Santa Cruz y a Carlos Flores, marchando a culatazos se llevaron presos a quienes pudieron y en el cuartel los torturaron. En el Palacio de Gobierno estampillaron periodistas contra la pared, a golpes hicieron rodar las escalinatas al ministro de Informaciones, a punto estuvieron de ultimar al ministro de Educación. 
 
La presidenta Gueiler y algunos de sus colaboradores intentaron huir sin éxito. Aguantaron escondidos en el techo del Palacio y horas más tarde, cuando aparentemente el momento más terrible había pasado, bajaron sigilosos. Encontraron al jefe de la Casa Militar almorzando como si nada. Los militares se habían apoderado ya del Palacio y por orden de los golpistas trasladaron a la Presidenta a la residencia presidencial y le echaron candado. Más tarde apareció el general Armando Reyes Villa, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, que poco antes le había jurado lealtad, para obligarla a leer su renuncia, la voz quebrada, la democracia vejada, frente a las cámaras de televisión. 
 
El golpe había triunfado. 
 
Dos años después, con la participación de distintos actores sociales pero por acción directa de los propios militares, el país cerraba un ciclo funesto de gobiernos uniformados que creímos superado precisamente con ese giro fundamental de las Fuerzas Armadas hacia la vida democrática desde aquel memorable 10 de octubre de 1982. Es evidente que, dependiendo desde donde se mire, ese no fue un giro voluntario sino más bien una resignación, quizás de mala gana. Lo cierto es que sucedió y desde entonces las Fuerzas Armadas intentaron acompañar la vida democrática. Lo que no pudieron fue respetar ese mandato elemental que dice que las armas están para proteger a los ciudadanos no para usarlas en su contra. 
 
Qué frágil es la línea de la obediencia cuando se confunde con aquella convivencia tantas veces promiscua entre militares y gobierno a lo largo de nuestra historia. Me dicen que ahora que las Fuerzas Armadas han vuelto a casarse con el gobierno de turno, preparan civiles de Poncho Rojo en Achacachi so pretexto de la próxima parada militar del 7 de agosto, alegando más rodeos: "instrucción militar por la defensa de los recursos naturales”. Sirva este 17 de julio para recordarle a las Fuerzas Armadas que hace 35 años pudieron iniciar su reconciliación con la sociedad y que a pesar de que aún esperamos el desarchivo de los documentos del triste pasado, confiamos en que no, no se equivoquen otra vez.

 
Cecilia Lanza Lobo es periodista.

 


120
5

También te puede interesar: