Crónicas de la india María

Wawitas de pecho

lunes, 31 de julio de 2017 · 00:00
Soy de la generación de Ultraseven en la TV en blanco y negro, de  las tardes de canal 7. Un superhéroe japonés ataviado de un disfraz hecho por alguna costurera de cumpleaños de niños, cuya gracia mayor eran los trucos visuales hechos a puro corte de cámara, con humo de discoteca: ahora estás -corte- ahora ya no estás. Malabares que hoy nos revolcarían de risa y que podríamos hacerlos como quien juega canicas. Eso mismo trasladado a la política de los años 80 y, claro, la política de hoy, esa con efectos especiales plurinacionales, cámara 360 y drones 4K. Por favor, acomódense los lentes para entrar en la realidad virtual y pedir que al final de esta nota me parta un rayo.

 ¡Corre cámara! 

 1980. El narcotráfico va viento en popa. Los gobiernos de la región llevan uniforme de cacería tras el enemigo interno ante cualquier amenaza democrática. Empresarios del oriente vinculados al narco se alían con los uniformados en busca de protección, el Rey de la Cocaína como líder, el nazi Klaus Barbie como perro guardián y el Loco Arce Gómez de matón. El narco financia el golpe, la CIA en el medio, dos avionetas del Loco caen con droga.

 ¡Booom! Asesinan a una pareja, a Luis Espinal, a un ciudadano en el cierre de campaña del MIR y cuatro personas mueren en la avioneta que cae con Jaime Paz adentro. Llega el golpe. Asesinan a tres líderes políticos en la COB, entre ellos Marcelo Quiroga, torturan y apresan a decenas de personas en todo el país. Poco después asesinan a ocho dirigentes en la calle Harrington. 94 muertos, 26 desaparecidos.

 La dictadura de parranda, narcodólares y autos de lujo, reparten dinero a sus feligreses y vacían el bazar militar hasta quedar yescas; uno: realizan un par de contrataciones directas y los vidrios de una construcción pública llevan a sus casas; dos: cobran un cheque público; tres: compran vehículos de lujo para la Presidencia; cuatro: reparten tierras a sus parientes; cinco: intentan ejecutar un contrato privado para explotar minerales preciosos del Estado. Los pescan. Caen. Los dos cabecillas principales están presos. 

 2017. El desastre se mira en 3D. No hace falta enumerar, todos asistimos a la misma película; sólo unos datos para la mirada-dron de la historia. Primer año de luna de miel: 16 muertos en conflictos de pueblo empoderado y presidente disfrazado de dios. Comenzamos mal. El segundo año de movimientos sociales herederos del bloqueo como arma letal; cae la primera víctima q’ara en ajustes de cuentas raciales alentados por el discurso del enemigo interno que se repite en el círculo presidencial de q’aras arrepentidos.

 Un exmilitar nostálgico de la "inteligencia” de la Escuela de las Américas es ministro estrella y un guerrillero frustrado es vicepresidente. Asalto al hotel Las Américas, asesinan a tres personas y alegan intento de magnicidio al calor de las papas calientes; el trauma continúa con un capricho revolucionario llamado Escuela Antiimperialista. Se entrenan "ponchos rojos” furibundos y se adula cocaleros feligreses. 

 La cosa se pudre pronto: 13 muertos en Porvenir, tres aquí, cuatro allá, otros más allá con el sello ministerial de aire turbio que igual que el Loco Arce más tarde inventó una "contra acusación” llamada "cártel de la mentira”. De corrupción ni hablar. Ningún gobierno en la historia del país supera al de Evo Morales. Ninguno.  Miles de millones desviados en casos conocidos.
 
Sobreprecios, elefantes blancos, avión presidencial, autos de lujo de un solo concesionario, construcciones megalómanas por contratos directos. Consorcios mafiosos de abogados y jueces oficiales. Jefes policiales narcotraficantes al modo garcíamecista superado, contrabando y droga por toneladas. Los muertos son más de 100. Y duelen igual que los de ayer. ¿Acaso duele menos el minero José o los funcionarios de la Alcaldía alteña que Marcelo Quiroga, Genaro, Carlos y todos ellos? 

 He ahí la realidad que nos supera haciéndose pasar por realidad virtual como si no existiese, como si fuese mentirita. Ya no es posible enumerar la corrupción, la afrenta, el daño que antes era claramente identificable uno a uno, extraordinario. Hoy se ha naturalizado, es ordinario y ya no nos hace cosquillas: este mundo se ríe de los matones en blanco y negro, wawitas de pecho, porque los de hoy han hecho de la estafa de nuestra fe en un mundo mejor, la religión de su discurso revolucionario full color. ¡Corte!

Cecilia Lanza Lobo es periodista.
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