Crónicas de la india María

Los hombres del bosque

lunes, 28 de agosto de 2017 · 12:00:00 a.m.
Hay textos entrañables a los que uno vuelve una y otra vez. La Marcha, de Gustavo Guzmán, es uno de esos y me emociona hasta las lágrimas. La primera vez que lo leí fue porque yo misma partiría rumbo a la Amazonia en busca de aquellos hombres de los que Gustavo hablaba y escribía como mujer: desde las entrañas. Y efectivamente los encontré en esa exacta descripción de hombres-río, hombres-árbol, hombres-bosque. El bosque, la entraña. Ante el acecho, vuelvo a leer.
 
Los hombres del bosque son los hombres del río. Pacahuaras, taraonas, machineris, yaminahuaschácobos, cavineños, takanas, esseejjas, yuracarés, mojeños, chimanes… 34 comunidades de tierras bajas del país que habitan la inmensa Amazonia que ocupa el 75 por ciento del territorio nacional. Un territorio de verdor infinito, de ríos como serpientes colosales que se pierden entre el monte espeso, inmenso como el globo terráqueo en cuyas entrañas viven los hombres del bosque. Allí pescan, cazan y recogen frutos de sus árboles de maderas preciosas.
 
Cultivan poco, quizás arroz, maíz, yuca pues su territorio es rico en biodiversidad y bosque, no así en tierra apta para la agricultura. Por eso el bosque, tan inmensamente generoso con sus árboles, sus frutos, sus animales y sus ríos, es para ellos su casa grande, su vida, su entraña, su todo. 

Así es, así fue hasta que llegaron los colonizadores hambrientos de tierra para explotar. 

A lo largo de la historia, primero fue la goma, luego la madera y la castaña. Ahora ¿la coca? 

Los hombres del camino son los colonizadores andinos, quechuas y aymaras cuya base económica es la tierra y en busca de ésta ven en el bosque su bien más preciado. "Nosotros los yuracarés y trinitarios somos hombres que vivimos en los ríos, hacemos nuestras comunidades cerca a las orillas. En cambio los quechuas siempre están donde hay camino: donde se acaba el camino, ahí se acaban los collas”. Eso dijo Silverio Muiba. Y ese fue el dedo puesto en la llaga del conflicto por el TIPNIS: la batalla más antigua de la humanidad: la batalla por el territorio.  

Porque los hombres del camino avanzan. Y han logrado ganar terreno al sur del TIPNIS y hoy ocupan el Polígono Siete. Ellos son -dice Guzmán- "el eco de las olas migratorias de ocupación de las tierras bajas que impulsó el Estado boliviano después de la Revolución del 52. La base material de su vida es la hoja de coca. Producen para vivir, y para vender”. Son campesinos y comerciantes vinculados al mercado, las ciudades, la televisión, las motocicletas, el karaoke. El camino.

Así, desterrados o no, los hombres del camino no sólo son herencia de la relocalización de los años 80 que los llevó a expandir sus tierras invadiendo bosques ajenos, sino, más grave aún, son herederos de la lógica del Estado que ayer y hoy insiste en ver a las tierras bajas, la Amazonia, el oriente y el chaco, como "tierras para ocupar y conquistar, tierras para colonizar”. 

Cuenta la leyenda que los niños Pacahuara son llevados al bosque para que reconozcan a su árbol. Quién sabe qué sentimiento les dice cuál es su padre-madre-árbol cuando ellos lo reconocen y acuden a él por el resto de su vida en busca de consejo y cobijo. Así, los pacahuaras nacen dos veces. 

Los hombres del bosque saben nacer dos veces. Lo hicieron marcha tras marcha, con paciencia, y ahora que el camino amenaza a sus padres-madres-árboles una vez más, volverán a nacer.

 

Cecilia Lanza Lobo

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