La “estética” Pari

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lunes, 28 de mayo de 2018 · 00:03

Carlos Monsiváis, el mexicano que tanta falta nos hace, decía que cuando se está ante el mal gusto, todo el mundo sabe perfectamente reconocerlo pero nadie es capaz de definirlo. Capaz a estas alturas –nunca mejor dicho– podamos los bolivianos hablar de esa “estética Pari” que no es sino la ostentación de lo malhabido. Es decir, un mal gusto de fondo, un adefesio moral.

Y como la percepción de la fealdad es subjetiva, he ahí el problema. Porque lo feo no es sobre todo la cosa, el objeto o la persona, sino el hecho de que aquella fealdad moral se deje pasar, se acepte o incluso se valore positivamente (cojudo el que pudiendo robar no lo hace). Ese es el adefesio que se ha instalado en la sociedad como Pedro en su casa.

 Así sucedió con Juan Pari, de cuyo pillaje se aprovechó su socio, sujeto acomodado de la zona sur de La Paz, que ciertamente reconoció aquel adefesio moral, lo tomó y calzó. Así sucedió en los años 80 en Cochabamba, paraíso del narcotráfico, igual que en Santa Cruz o Santa Ana de Yacuma, donde hasta chistes se contaban diciendo que de las piñatas de cumpleaños de los niños, en vez de dulces caían Betamax. Ja, ja, ja.

Convivíamos con la bonanza ajena del narcotráfico. Teníamos compañeros de curso en el colegio que a sus 16 años andaban ronceando en su propio auto descapotable cuyos padres apadrinaban al colegio mismo. Los changos bromeaban –o no– con ir a pisar coca al Chapare porque seguro deseaban ese descapotable. Nadie decía nada. Cuchicheaban nomás porque quien tenía el mandato de evitar aquella delincuencia era el propio gobierno delincuente, el de la dictadura de García Meza y Arce Gómez. Había piedra libre.

 Al modo de Miami Vice, esa exitosa serie televisiva inspirada precisamente en la movida narco de aquellos años dorados, escenas de aquella fealdad moral socialmente aceptada parecen repetirse hoy de modo extendido: no sólo es el narcotráfico la fuente del derroche sino las mismísimas arcas públicas. Desde los desfalcos al Banco Unión hasta los despojos cotidianos llamados corrupción.

 ¿Dónde caben las construcciones suntuosas del gobierno de Evo Morales? Sin duda alguna, presiden el adefesio moral del país. Porque no sólo esconden la pobreza real que todavía existe de manera rotunda. sino que pretenden hacer pasar el derroche por crecimiento, por educación, por progreso, por buen vivir. Peor aún, porque lo están logrando: hay quienes aprendieron la lección, como Juan Pari, y creen que por encima del bien común están ellos, y que de lo que se trata es de gozar, tener y mostrar.

 Hoy, como ayer, hay piedra libre.

Cecilia Lanza Lobo es periodista.    

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