Textura violeta

Los Pari y sus novias

martes, 31 de octubre de 2017 · 00:00
Basta mirar alrededor para encontrar ciertas similitudes entre hombres, que por alguna razón se enriquecieron, con el hoy más famoso exempleado de la banca boliviana.  
 
De Juan Franz Pari Mamani se ha escrito mucho en las últimas semanas por la singularidad de su veloz enriquecimiento: porque robó 37 millones de bolivianos en poco tiempo, extrayéndolo de las sucursales bancarias a su cargo; porque se trata de un banco 97% de propiedad estatal; por la manera en que gastaba ese dinero exhibiéndolo, coches de alta gama y fiestas; y por la novia a la que le llenó de lujos, sobre la que los medios han resaltado especialmente su pasado de "bailarina exótica” con fotografías sexys.
 
El robo de dinero del Banco Unión es un tema abordado abundantemente y seguro resta bastante por averiguar, si es que alguna vez llega a salir toda la verdad. Aquí no se entrará en este tema. Interesa la manera en que aparece Pari en los medios, sus excesos y su pareja.   
 
En una de las muchas publicaciones, este fin de semana una psicóloga decía sobre Pari: "Constantemente hacía comparaciones y buscó que eso fuera muy tomado en cuenta por los demás, no quería pasar desapercibido”, además era "perverso, una persona tosca, hostil, desafiante, hiriente y que ostenta sus logros para causar malestar, rabia, impotencia”.
 
¿Y qué ostentaba? Principalmente coches, había comprado una decena de vehículos de lujo, y una novia considerada socialmente más guapa que él. Él, con apellidos e imagen indígenas; ella, en cambio, con "su piel blanca, su cabellera rubia, castaña o negra, su acento, simpatía y curvas”.
 
Sobre ella también se dice: "Los primeros encuentros eran como todos los demás, sonrisas falsas, abrazos forzados que se volvían más reales según el incentivo monetario que Pari dejaba”. Vamos, una forma de llamarla prostituta. Supongo que se sabrá a ciencia cierta que esos abrazos fueron forzados, ya que se ha publicado así con tanta seguridad. 

Se dice que él "perdió la cabeza”, de qué otra forma se entiende entonces que la haya hecho su novia, si se supone que era puta. No se cree que haya habido amor, aunque a él se le humedecen los ojos al hablar de ella.
 
Lo claro es que también perdió la cabeza por los coches y los exhibía. Es esta necesidad de exhibición, de coches y novia, ambos como propiedad, como forma de mostrar su éxito frente a la sociedad y a otros varones, lo que tiene en común con muchos hombres. Hay muchos ejemplos.
 
El coche, de último modelo y cuanto más lujoso mejor. La novia, cuanto más joven, más curvilínea y más blanca, mejor.
 
Son ideales transmitidos por una sociedad consumista, clasista, machista y racista. Ideales que se difunden a diario en todos los espacios sociales y sobre los cuales, para modificarlos, no se hace nada o muy poco. Es sobre ellos que se construyen relaciones de pareja.
 
Los hombres, a quienes se les exige el éxito económico, lucen sus logros con coches, motos, propiedades, etcétera; y, como también compiten en virilidad, lucen a sus mujeres que a ser posible sean consideradas hermosas (aquí una indígena difícilmente encaja). De ellas, pocos buscan como prioridad que sean inteligentes, sabias, profesionales (para eso ya están ellos) o que compartan su edad; tal vez sí que sean cariñosas y hacendosas como sus mamás. 
 
A las mujeres se les enseña a buscar un hombre de éxito, vale decir económico, intelectual o con factores considerados de liderazgo o notoriedad. La edad no importa y el aspecto físico es secundario, si vale la pena se le "perdona” que sea moreno. 
 
Cuando, por algún motivo, hay que valorar la pareja, es a ella a quien no se le perdona su pasado y en este campo es ella quien recibe las críticas más duras.  
 
Son muchos los Pari y sus novias/mujeres y muchos más quienes aspiran a serlo. Están en el Gobierno, en las oficinas, en los barrios y en los medios de comunicación. 
 
Drina Ergueta es periodista.
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