Textura violeta

Derechos sexuales y reproductivos sólo para hombres

martes, 28 de noviembre de 2017 · 00:56

Hace unos días se presentó una iniciativa para visibilizar el proceso de formulación y presentación de un proyecto de ley sobre derechos sexuales y reproductivos en el que participaron líderes de organizaciones y mayoritariamente mujeres, 22 de 24. ¿Por qué tan pocos hombres? La respuesta es clara, estos derechos ellos ya los tienen.


En realidad, se trata de privilegios sobre los que creen tener derecho y sobre lo que se les ha dado constantemente la razón, en la casa, en la calle, en la justicia y en la televisión... Privilegio que la sociedad les otorga y del que hacen uso. ¿Para qué entonces tienen que participar en elaboración de proyectos de ley, en organizaciones que reclaman, en manifestaciones y pronunciamientos?
Qué nos importa, dicen. Es cosa de mujeres.


La iniciativa, presentada por Ipas Bolivia, consistió en la presentación de material escrito y audiovisual en el que las 22 mujeres y los dos hombres explicaban sus historias personales y sus opiniones referidas a este tema, que tiene en el aborto el punto más difícil y es el más abordado.  


En general, en cualquier espacio, cuando se habla de problemas referidos a salud sexual y reproductiva se tiende a hacer hincapié en el aborto porque es el más lacerante, ya que genera mucho riesgo por practicarse de manera clandestina. De 185 abortos diarios realizados en Bolivia, dos mujeres mueren. Se trata de la tercera causa de mortalidad materna. 


El aborto es un asunto muy serio, pero son los colectivos de mujeres quienes reclaman y se manifiestan a favor de su despenalización. No se ve a las organizaciones sociales de mineros, campesinos o de obreros (todos en masculino porque allí pocas mujeres tienen acceso a la dirigencia) que se pronuncien o que participen en alguna marcha, que lleven una pancarta. Y gran parte de estos dirigentes tienen internamente su hombría embarazadora muy afirmada.


Para los hombres la salud sexual es un asunto resuelto, se les enseña a disfrutar del sexo desde temprana edad, es su derecho, tienen libertad de ejercer su sexualidad y se les quita responsabilidad sobre sus consecuencias. Se les recomienda cuidar su salud y, eso sí, sin dejar de aprovechar cuidar de no quedar atrapado por alguna mujer antes de tiempo. 


En su proceso de aprendizaje poca participación tiene la escuela o la familia, que ruborizados se centran en lo biológico y reproductivo, de lo sexual se encargan las películas pornográficas. Estas son fundamentales, allí aprenden maneras de hacerlo y especialmente los roles, donde hay mucho de sometimiento femenino y de violencia masculina, se hace ver que eso es bueno para ambos. 


Para las mujeres, es todo lo contrario, no se les enseña el placer o a conocerlo, a conocer su cuerpo.

Es un tema inclusive prohibido y si aprende tiene a asumir el rol pasivo o sometido que le han enseñado. La sexualidad, además, es un asunto de riesgo constante, ya sea porque la vayan a violar o porque puede quedar embarazada.


En cuanto a reproducción, los hombres dejan su semilla y socialmente se desentienden. Gran parte de los métodos anticonceptivos son asumidos por las mujeres y la responsabilidad social, moral, física y penal de los embarazos no deseados es cosa de ellas.


Cuando hay hombres movilizados o reclamando por “asuntos de mujeres” es porque tienen a alguien cercana que ha sufrido algún tipo de violencia; también hay gays que sienten la discriminación de género; además está alguno al que le gusta ser uno de los pocos aplaudidos por su sensibilidad; y finalmente pocos son los que asumen que es necesario perder esos privilegios.


La práctica del sexo generalmente es cosa de dos, una mujer y un hombre, y el embarazo es producto de estas dos personas, por ello los derechos, obligaciones y responsabilidades deben ser igualitarios.

Dado que quien se embaraza es la mujer, ella debe tener la libertad de decidir sobre su propio cuerpo.

Quien comparta esto, sea hombre o mujer, tiene que salir de su comodidad al espacio público y exigirlo.

Drina Ergueta es periodista.

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