Textura violeta

Cuando usar el feminismo es rentable

martes, 02 de mayo de 2017 · 12:00:00 a.m.
La marca de ropa Dior ha sacado una campaña en la que dice (en inglés) "Todos deberíamos ser feministas”; Ivanka Trump, hija del presidente de Estados Unidos, hace poco se mostró como feminista en un encuentro de mujeres poderosas de países del G-20; hay más mujeres (y algunos hombres) de la farándula internacional que defienden la causa; y en Bolivia la farmacéutica INTI inició una campaña en la que se muestra defensora de la igualdad de género y contra la violencia hacia las mujeres. 

¿Qué pasa? ¿El mundo está cambiando? ¿Es tan exitosa la lucha de las mujeres? ¿Hay personas o empresas que quieren distribuir sus ganancias en acciones sociales? o es que solamente hay quien aprovecha y se suma a una ola de "buenismo” para mejorar su imagen dentro de lo que se conoce como "responsabilidad social corporativa” a costa de fotografiarse al lado del sufrimiento real ajeno. 

Mientras en las pasarelas las modelos de Dior muestran una imagen de mujer que es dañina (por fijar parámetros de belleza discriminatorios y que pueden llevar a la anorexia), la empresa hace una criticada campaña que usa un eslogan feminista. En Europa, Ivanka Trump ha sido abucheada en el G-20 al defender a su padre de misoginia demostrada en varias ocasiones. El discurso de las celebridades no siempre es tomado en serio porque queda la duda de si es solo una campaña de imagen.  

Tomar para sí el tema de feminismo es atractivo, aunque, por lo visto, delicado. Si bien el feminismo a mucha gente todavía espanta, por una mala información y difusión de estereotipos falsos, hay que valorar sus logros y, por qué no, sumarse a ellos. 

Es que todos los derechos obtenidos por la larga lucha feminista se ve reflejada hoy en el día a día de las mujeres: la posibilidad de estudiar, de elegir casarse o no y con quien, de ejercer una profesión, de decidir si se quiere ser madre o no, de decir no a cualquier hombre, de tener propiedades y manejar su propia economía, de estar en la esfera pública, de votar o aspirar a representar al pueblo y estar en espacios de poder. Hoy son posibilidades, aunque no realidades generalizadas. 

La respuesta del machismo a este avance y a nivel global es implacable, al punto que las mujeres denuncian: "Nos están matando”. La violencia en contra es impresionante, ocurre en todos los países, más en unos que en otros, y en todas las formas que se conocen. En Bolivia hay un feminicidio cada tres días.

Es esta violencia el argumento de la farmacéutica INTI para lanzar una campaña consistente en un medicamento destinado a las mujeres. Un placebo para fortalecerlas y que les ayude a hacer frente a las agresiones, las denuncien y, en otras palabras, no se dejen. 

Una vez más, en este tema se responsabiliza a la mujer por no denunciar, no reaccionar y soportar "pasivamente” la violencia. Las pastillas son para ella, no para él que es el agresor, el responsable de la violencia. Ojalá distribuyeran pastillas Desmachismón o Machocaquín. ¿Hay alguien a quien no se quiera ofender? ¿Que se podría acaso enojar? 

Hay un discurso de equidad en esta empresa, asegura que así es en su plantilla de personas contratadas. De ser así, sería un ejemplo; sin embargo, no se debe olvidar que no hay equidad en la violencia, no hay responsabilidad compartida, no se puede responsabilizar a ambos, mucho menos solamente a la víctima. Así sólo gana el machismo.

Un apunte final sobre la "responsabilidad social corporativa” (entendida como filosofía empresarial de dar a la sociedad parte de lo que se recibe de ella y que se traduce en buenas acciones), no es necesaria, señoras y señores. Con que las empresas paguen los impuestos, no dañen al medio ambiente, cuiden a las personas que emplean (incluye una política laboral de género) y reinviertan en las zonas donde obtienen ganancias, cumplen ya con su obligación, es suficiente y mucho más que otras que sólo promueven campañas de imagen.

Drina Ergueta es periodista.
54
16