Textura violeta

La libertad de Cara bonita

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martes, 03 de abril de 2018 · 00:07

El tema Cara bonita del grupo de música Los Kjarkas ha levantado una ola de críticas, pero también hay voces que reclaman por la libre expresión y por la libertad del artista y es este punto el  que hay que debatir.


Los Kjarkas son el grupo de música boliviana más famoso en el país y también a nivel internacional.

Hace poco estrenó su último vídeoclip que levantó críticas.


 Es enojoso oír al cantante decir: “Quien busca una mujer, bella mujer, cara bonita, mucha plata debe tener, pa’ mantener cara bonita”; además es especialmente desagradable verle (en su afán de dramatizar mientras canta) en una actitud semejante a saborear un dulce porque, siendo ya un hombre maduro y canoso, se encuentra rodeado de jovencitas mostrando bastante piel. Letra e imagen son algo así como encontrar una mosca en la sopa.


En fin, no es el primer caso. Tanto es así que el integrante del grupo Los Kjarkas, Gonzalo Hermosa, al parecer, no entiende la razón de las críticas a su tema y las atribuye a envidias y motivaciones políticas.


Las críticas a este tema han surgido desde percepciones moralistas, porque mucha piel femenina no se debe mostrar; folkloristas y tradicionales, que reclaman por la vestimenta, baile, peinado y raza de las bailarinas; hasta las feministas que señalan el profundo machismo que este tema refleja y naturaliza. 


Pero también hay voces que reclaman por la libre expresión y por la libertad del artista. ¿Hasta dónde puede ser libre el arte? ¿A nombre del arte es posible, por ejemplo, defender manifestaciones que ejecuten o promuevan la pedofilia, el canibalismo, el feminicidio, etcétera?


Toda actividad humana, incluidas las acciones sociales consideradas artísticas, forma parte de la cultura y esta se aplica a través de reglas que son, como señala el antropólogo Ángel Díaz de Rada (2010), “irreductiblemente históricas, situacionales, convencionales…, porque así parecen haberlo estipulado o aceptado quienes las ponen en juego”. Es decir, si se acepta llevar tanga y minifalda o si un hombre mayor puede comprar a una jovencita, si se es machista, si se acepta el feminicidio, porque “en este aspecto se encierra el mayor misterio de la cultura: La cultura es una convención”.


Pero, en la cultura entra todo, hablamos del artista, ¿el artista acaso no es libre? No, el arte no nace del éter, de una revelación, nace de una persona y de su contexto. Un artista se posiciona, asume una tendencia, una creencia, una ideología y la refleja. Por eso las críticas son al contenido de su arte, a su machismo, no al arte en sí. Entonces, evidentemente, hay manifestaciones artísticas que culturalmente no son aceptadas.


“La música… es una expresión metafórica de sentimientos asociados con el modo en que realmente es (una sociedad). Es un reflejo de –y una respuesta a– fuerzas sociales”, afirma el músico y antropólogo John Blacking (2015) en un análisis que visualiza fundamentalmente la división social que favorece a un grupo frente a otro por razón de etnia y de clase. Falta agregar la razón de género.


La extrañeza de Hermosa, de Los Kjarkas, a la reacción social provocada por su último tema demuestra que hasta hace poco se aceptaba ese tipo de contenidos. Hoy ya no, el rechazo al machismo y a la cosificación de la mujer, valorada en función a su aspecto físico, es un dato evidente de un cambio en la mentalidad de la sociedad. 


“Cuando uno se socializa, lo que se aprende, precisamente, es a dónde, desde dónde, qué y cómo mirar, qué sentir cuando miramos lo que miramos, cómo interpretar y qué asociaciones de significado establecer… Esta direccionalidad de la mirada y de la acción en el mundo es informada culturalmente”, señala Eugenia Ramírez Goicoechea (2013). 


Y esa mirada debe ser feminista, como garantía de igualdad entre hombres y mujeres. Cara bonita no es libre ni transgresora, es conservadora, reaccionaria y patriarcal.
  
Drina Ergueta es periodista.

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