Textura violeta

¿A quién ama la ministra?

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martes, 26 de junio de 2018 · 00:09

¿Qué puede llevar a una ministra de Estado, con las pocas que hay, a declarar en favor de un acusado de feminicidio? Este hecho, descrito en forma de pregunta, ya sería motivo de escándalo con consecuencias políticas en países en los que se han hecho los mayores avances en materia de erradicación del machismo en la sociedad.

Flaco favor le ha hecho Mariana Prado, ministra de Planificación del Desarrollo, a su jefe y presidente de gobierno Evo Morales, a quien le persigue la imagen de machista, por frases y bromas que hizo, y la insuficiente efectividad de la nueva legislación para contrarrestar el altísimo índice de feminicidios que hay en Bolivia, uno cada tres días.

Es precisamente en base a esta legislación que se juzga desde hace casi tres años a William Kushner, acusado del delito de feminicidio por atropellar con su coche a Andrea Aramayo, con quien días antes había terminado una relación amorosa, luego de una discusión en un pub. 

El juicio, plagado de denuncias de irregularidades -como la pérdida de imágenes clave o la traición de uno de los peritos- por el poder económico y de influencia social del acusado, se encontraba en un momento difícil para Kushner ya que se anunció que su principal testigo, una camarera del pub, sería procesada por falso testimonio. Es cuando la Ministra decide intervenir voluntariamente para respaldar al acusado, dice que a título personal.

A título personal fue a prestar juramento a los juzgados rodeada del aparato de seguridad que se paga con los impuestos de quienes tributan y, al salir, prestó también declaraciones ante la prensa allí concentrada y que poco interés habría tenido en ella si fuera una simple ciudadana.

¿Y qué dijo? Pues que ella, como exnovia del acusado, estaba segura de que no era culpable porque él con ella nunca había sido violento. Da la casualidad de que también fue amiga de la madre de la víctima, quien asegura que antes de que ocurrieran los hechos, le había contado que Kushner la había maltratado, por lo que estaría mintiendo. Todo esto son palabras y sin pruebas no tendrían validez; sin embargo, el peso de la palabra de una ministra no es el mismo y eso ella lo sabe. Su jefe también.

Viene a la mente la imagen tan común de esas mujeres insultadas, rebajadas, golpeadas que salen en defensa del marido o novio cuando alguien quiere defenderlas. Es un asunto complejo y que se juzga con simpleza. Son mujeres que pueden tener dependencias ya sea económicas o afectivas y que les cuesta romper con el agresor. Además está esa forma nociva en que se enseña a amar y en las que las mujeres lo aguantan todo, y lo sacrifican todo por amor, hasta a ellas mismas.

¿Qué le lleva a la ministra a defender a su exnovio? A oponer su palabra frente a pruebas que podrían demostrar que hubo feminicidio, a quedar como tonta (sin ánimo de ofender) porque entonces sería más absurdo lo que hizo. 

¿Es amor lo que la hace olvidarse de su prestigio, lo que la lleva a comprometer sin sentido al Gobierno, a poner en riesgo su cargo? El hecho de pensar en amor como razón es machista, pero el machismo existe. De un hombre seguramente se pensaría en razones económicas, por ejemplo, aunque posiblemente un hombre no haría algo así, porque están más enseñados en mirar más por sí mismos. También está la fuerza de las relaciones sociales, de un sector social que en principio sería contrario al actual gobierno.

¿Aún ama a Kushner la Ministra? No nos importa. No parece que se ame a sí misma, dado su sacrificio. Porque ya ha sacrificado su imagen, ya nadie la mira igual. Tampoco nos importa; pero sí importa si ama, en sentido de respeto, al cargo que ocupa, a lo que representa, a un gobierno, a un pueblo, a las mujeres de ese pueblo.

Morales, hace años, cuando comenzó a verse rodeado de gente corrupta, ya sacó de su círculo a un vocero que perdió la cabeza por amor (o sexo) y que no fue a trabajar por tres días afanado en un hotel, según trascendió. Un asunto bastante huachafo, de mal gusto, pero que el Presidente no dejó pasar, pese a que no comprometía pública y directamente a su gobierno, y a sus políticas, como sí ocurre en este caso especialmente en materia de lucha contra la violencia de género.

Drina Ergueta es periodista.

 

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