El protagonismo ciudadano

domingo, 31 de diciembre de 2017 · 00:00

Página Siete, junto a sus columnistas y colaboradores, ha elegido, como se hace año tras año, al personaje del año. Se trata de una encuesta que incluye varias opciones que surgen de propuestas de la redacción y que son votadas por este amplio y valioso conjunto de periodistas y analistas. Este año, la elección recayó en “los movimientos ciudadanos”.

Veamos. El que acaba ha sido un año intenso. Con luces y sombras como todos, 2017 nos deja sobre todo lecciones. Y siendo un país que respira –también con intensidad- la política, algunas de estas lecciones vienen de allí.

Quizás el desgaste de más de una década de gobierno del MAS y Evo Morales ha sido propicio para algunas crisis, sazonadas con escándalos de corrupción y expresiones  de abuso de poder que dejan preocupación por la instalación de un clima de intolerancia, confrontación y polarización.

Para el periodismo este escenario ha representado también un enorme desafío: entre hechos que se muestran de una manera y que son leídos de las formas más sorprendentes por el poder. El reino de la posverdad vino para quedarse, y las constataciones se han naturalizado de tal manera que cuesta separar la paja del trigo.

En este contexto  ha surgido un nuevo protagonista: los movimientos ciudadanos. La novedad no está en su presencia, pues es este un país de democracia en las calles,  sino en la fuerza de esta irrupción y los motivos que la originan.

Desde el 21F de 2017, cuando ciudadanos de toda procedencia salieron a las calles a exigir el respeto al resultado del referendo del año anterior en el que más del 50%  rechazó una nueva postulación presidencial de Evo Morales, hasta el triunfo de un voto anulado en una cuestionada elección judicial que se volvió plebiscitaria por la misma razón, se ha atestiguado una fuerza ciudadana, sin forma ni liderazgos visibles, que no puede ser ignorada.

Como ha sucedido en la historia reciente del mundo, los ciudadanos bolivianos tienen a las redes sociales como espacio de interlocución y desde ahí se construyen mensajes  especialmente destinados a interpelar al poder político: máxime si, como se ha vivido en Bolivia en el año que acaba, este muestra poca sintonía con sus reclamos e insiste en posiciones que alimentan indignaciones (como la que el Presidente afirme que no quiere  continuar en el poder pero “no quiere decepcionar a su pueblo”).

La paradoja es que este Gobierno  construye “su verdad” y una lectura de los hechos de acuerdo a   sus propósitos, teniendo a los movimientos sociales como su base social. Es decir, supuestamente gobierna con  los ciudadanos, pero solamente con los que están organizados en corporaciones u organizaciones funcionales políticamente.

De ahí que estos ciudadanos sin representación formal, totalmente incrédulos de la política tradicional y de los partidos políticos, salen a las calles, se expresan y demandan, pero  no tienen estructura ni proyecto político y eso los libra, pero a la vez los condena.

Sin embargo, estos movimientos  debieran ser leídos con atención para reconducir algunas decisiones y acciones. Aunque es poco probable que así sea dada la soberbia de gobernantes y opositores, sería aconsejable entender ese llamado a respetar la palabra empeñada y proteger una democracia que no nos vino de regalo, sino que fue conquistada con sacrificio.

Por eso, esta elección  (la del personaje 2017)  ha sido la expresión de una  coincidencia de lecturas e interpretaciones de nuestra coyuntura que es aleccionadora.

Que sea buen momento para convocar a una participación ciudadana cualitativa y siempre democrática y responsable; constructiva y respetuosa de las leyes.

Lo mismo habría que decirle a la clase política, dentro o fuera del poder, para deponer ambiciones personales o partidarias en beneficio de una sociedad boliviana que cuenta con una enorme sabiduría. Esperemos que entre ciudadanos y líderes políticos demos a este país un mejor destino.

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