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Lunes 24 de Julio | 10:43 hs

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Editorial

Impotencia ante el abuso de choferes

Impotencia ante el abuso de choferes
No parece efectivo criticar a los choferes por sus excesos.  Hace años que los ciudadanos venimos soportando los paros que imponen no sólo a otros choferes y a vehículos particulares, sino a toda la ciudad, burlándose de los esfuerzos de los peatones (sus clientes) para cumplir con sus actividades. Ni qué decir de hacerse cargo de los daños materiales y perjuicios económicos que ocasionan estos bloqueos a la urbe y su economía con una jornada casi improductiva. 

No parece efectivo criticarlos. Con una ciudad que ha crecido y se ha complejizado al extremo, la necesidad de mejorar el servicio de transporte público es una demanda  a gritos. A diario, varias veces al día, los ciudadanos deben llegar de un punto a otro haciendo peripecias: largas filas, hacinamiento y una pésima atención en los vehículos.

Aunque el Gobierno central y el municipal han aportado a aliviar en algo esta crisis con el Teleférico y los PumaKatari, claramente no es suficiente para abastecer todos los destinos y el volumen de pasajeros. Por ello, los minibuses, buses y taxis organizados en sindicatos privados son muy requeridos. Se saben necesarios y usan este poder para imponer su mal trato y sus pésimas condiciones.

La crisis ha hecho que el Gobierno Autónomo Municipal, responsable de administrar el transporte, haya intentado exigirles mejoras y cumplimiento de normas, pero el resultado ha sido el que comentamos: desacato, arbitrariedad y más y más atropellos.

Los paros -el del martes y todos- no son más que una exhibición de poder, una provocación. A las autoridades que les exigen cambios y a los ciudadanos que no tienen otra opción que usar sus vehículos.

El martes, las redes sociales se inundaron de pedidos y exhortaciones para poner fin a este abuso; para sacar de la calle a los minibuses; para que ningún tipo de transporte público esté en manos de sindicatos privados, abusivos y sin ningún concepto de servicio.

Pero, una y otra vez: no es efectivo criticarlos. Por un lado, porque aunque parezca increíble, hay autoridades  y oficialistas (MAS) que los avalan afirmando que sus paros son contundentes (falta decir pertinentes) y que la culpa es de la Alcaldía. Estas pugnas políticas que no le incumben al ciudadano, muestran que en el país cada quien lleva agua a su molino sin importarle lo que le ocurre al otro.

Por otro lado, no es efectivo criticarlos, porque, realmente, no hay otras opciones posibles para reemplazarlos; y como, por lo visto, tampoco es posible aspirar a mejoras, normas y reglas en este servicio, habrá que resignarse. En otras palabras: somos sus rehenes y nadie podrá, y a nadie la interesa, librarnos de esta tiranía.
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