La Paz, Bolivia

Miércoles 28 de Junio | 18:44 hs

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Las protestas violentas

Las protestas violentas
En democracia se debe defender el derecho de los grupos sociales a expresarse y manifestarse. Esto no quiere decir, sin embargo, que se deba aceptar la violencia y la  afectación a los derechos de terceros.
 
Durante las últimas semanas, médicos y estudiantes de medicina, además de cocaleros de Yungas, juntas de vecinos de Camiri y choferes y vecinos en La Paz, han llevado adelante acciones abusivas, que perjudican el libre tránsito de personas y bienes, y ponen en riesgo su seguridad.
 
En Camiri, durante varios días, grupos de personas cerraron la carretera principal, cortando la comunicación con Santa Cruz y hacia Argentina y Paraguay. Los manifestantes exigían la renuncia del alcalde Franz Iván Valdez y los siete concejales del municipio, a quienes acusan de corrupción.
 
En Yungas, mientras tanto, grupos de cocaleros opuestos al Gobierno también realizaron bloqueos de caminos como una forma de rechazar el decreto reglamentario de la Ley de la Coca, que confirma la ampliación de 7.700 hectáreas de coca legal en el Chapare. Antes solamente  en Yungas se producía la hoja de manera legal.
 
Finalmente, profesionales médicos y estudiantes rechazan los decretos supremos que autorizan la libre afiliación en el sector de la seguridad social y la creación de la Autoridad de Fiscalización y Control del Sistema Nacional de Salud, que busca evitar los constantes paros de la Caja Nacional de Salud.
 
Podemos decir que las motivaciones de estas protestas no son compartidas por la sociedad en su conjunto. En el caso de Yungas, se busca aumentar para esa región del país más extensiones de coca legal. Lo de Camiri es coyuntural, pero no menos abusivo. Debería ser la justicia la que defina si un alcalde es corrupto o no, no la población enceguecida. Lo de los médicos es también cuestionable: tras paros contra los asegurados, hoy se oponen a las medidas que buscan corregir aquello.
 
En todos los sucesos, los sectores involucrados han realizado excesos como lanzar petardos a una fogata, arrojar dinamita a terceros y golpear a personas, entre otros a un alcalde contrario a la línea oficialista. Ya es suficientemente grave cortar las carreteras y calles en extenuantes protestas, como para, encima de ello, lanzar dinamita o golpear a adversarios.
 
Esa es, lamentablemente, la forma como se desarrolla la protesta en Bolivia. La situación se explica en la debilidad y la falta de legitimidad de las instituciones estatales. Como nadie cree en ellas, las cosas terminan resolviéndose por la fuerza. Ojalá se pudiera, de alguna manera, poner fin a este abusivo   estilo de protestar. 
 
Lo de las protestas de los médicos es también cuestionable: tras paros contra los asegurados, hoy se oponen a las medidas que buscan corregir aquello.

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