La costumbre de bailar en la carretera

lunes, 10 de julio de 2017 · 12:00:00 a.m.
Viajar por las carreteras de Bolivia es una aventura que puede terminar en tragedia, ya sea por las accidentadas vías que todavía existen en nuestro país, porque no estamos acostumbrados a cumplir las reglas de tránsito o simplemente porque en el camino es perfectamente posible que uno se encuentre con alegres comparsas de bailarines.
 
Esto es precisamente lo que ocurrió la semana pasada en la población de Pampa Colorada, del municipio de Colquechaca, en Potosí, donde un camión embistió a un grupo de bailarines, provocando la muerte de ocho personas.
 
El chofer, en principio se dio a la fuga para evitar ser linchado, luego fue detenido   y puesto a  disposición de las autoridades.
 
El relato del hecho es estremecedor porque aseguran los pobladores que no se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo hasta que vieron que los cuerpos mutilados empezaron a volar por el aire.
 
Seguramente  las autoridades de Tránsito establecerán algunas variables importantes;  por ejemplo, la velocidad a la que iba el camión, la visibilidad del horizonte, el estado del conductor y la situación mecánica del motorizado. 
 
Sin embargo, lo que queda claro es que los pobladores tienen un alto grado de responsabilidad sobre lo sucedido porque la carretera no es un lugar seguro ni adecuado para bailar.
 
No es el primer caso en el que se tiene que lamentar consecuencias trágicas por la irresponsabilidad de los danzarines.  En junio de 2013,  fraternos de una morenada, que habían cerrado un carril de la carretera internacional La Paz-Desaguadero, terminaron provocando la muerte de 11 personas. En esa ocasión, además, 16 personas resultaron heridas y 12 vehículos quedaron quemados porque la colisión fue múltiple y provocó la explosión de una cisterna.
 
Se podría creer que a raíz de ese hecho, los bailarines de los pueblos tendrían cuidado y ya no saldrían a expresar su alegría a la carretera, pero no. Lo volvieron a hacer y las consecuencias son otra vez trágicas.
 
Pareciera que danzar en el asfalto es una especie de reafirmación de pertenencia de ese territorio por el que tantos forasteros transitan en sus vehículos.
 
Prohibir los bailes en carretera debiera ser una función de los municipios, pero, en vista de que las autoridades locales  no están cumpliendo con su labor, quizá sea hora de que las nacionales tomen cartas en el asunto, con un debido plan para hacer cumplir las normas, que puede ser encargado a los policías que vigilan la seguridad de los pueblos aledaños a la ruta.
 
De otra manera, tendremos que lamentar de tanto en tanto que una nueva comparsa fue atropellada por algún conductor distraído.