Editorial

La casi liberación de Leopoldo López

martes, 11 de julio de 2017 · 12:00:00 a.m.
Seguramente como efecto de la presión provocada por 100 días de protestas callejeras, el régimen venezolano decidió cambiar la sanción de prisión que pesaba contra el líder opositor Leopoldo López por la de detención domiciliaria.

López es el más conocido de los presos políticos venezolanos, que son unos 400 en total, según activistas de derechos humanos; y su detención hace tres años generó fuertes reacciones. Hoy,  su familia ha señalado que su estado de salud no es de los mejores y que chequeos médicos establecerán aquello con precisión. El entorno de López ha denunciado que, estando en prisión, éste sufrió una infección que no fue curada apropiadamente y se teme que fue torturado.

El dirigente opositor, que fue alcalde del Chacao y es líder del partido Voluntad Popular, no ha realizado todavía declaraciones a los periodistas, pero sí apareció sonriendo ante sus seguidores desde el jardín de su casa, donde su rostro ojeroso mostraba las penurias de su largo cautiverio.

La liberación de López de la prisión es una buena noticia para todo el continente, pero es claramente, también, una medida insuficiente. Debería ser liberado por completo, para que pueda salir de su residencia junto con  los otros cuatro centenares de prisioneros políticos.

En este periodo en el que López ha estado preso, Venezuela ha pasado a ser virtualmente una dictadura, ya que el Parlamento ha perdido su poder y la entidad electoral ha evitado que se llame a un referendo revocatorio, para el que la oposición cumplió todos los requisitos, y a las elecciones regionales, que debieron realizarse en 2016. Si la democracia se asienta básicamente en la presencia del voto popular y la separación de poderes, entonces el Gobierno venezolano ya no puede considerarse democrático.

Las encuestas señalan que sólo el 20% de los venezolanos respalda al régimen chavista y que el 70% está de acuerdo con llamar a elecciones generales de manera inmediata.

En vez de eso, el Gobierno ha convocado a una Asamblea Constituyente, con un sistema electoral de corte autoritario: 364 asambleístas serán elegidos uno por cada municipio, independientemente de su población, lo que favorece a las áreas rurales, y otros 176 serán designados por asambleas de sindicatos y otras organizaciones sociales controladas por el oficialismo. 

Las elecciones están previstas para el 30 de julio, lo que amenaza con tensionar aun más a la sociedad venezolana, en la que han muerto 91 manifestantes, muchos de ellos por represión militar y policial, en poco más de 100 días de protestas. 

El presidente Maduro, que ha perdido toda legitimidad, sólo asienta su poder en la fuerza de las armas. Mientras las FFAA sigan apoyándolo, él se mantendrá en la silla presidencial. Contra esa medida, la oposición ha convocado una votación simbólica para el 16 de julio, cuando espera también realizar otras manifestaciones.

El chavismo está 18 años en el poder, periodo en el cual la economía del país está seriamente dañada, se ha reducido su capacidad productiva, casi se ha eliminado el turismo, y se ha generado una espiral inflacionaria y desatado una ola de inseguridad ciudadana de graves proporciones. 

Aunque inicialmente Hugo Chávez se ocupó de mejorar las condiciones sociales de los más desposeídos, la decisión de no dejar el poder ha terminado por echar tierra al proyecto chavista y dejar al país en condiciones de grave crisis en todos los aspectos.

Venezuela experimenta hoy un impasse que lleva paulatinamente a un enfrentamiento mayor. La negativa de Maduro de aceptar unos comicios que resolverían la transición hacia otro régimen, que podría además tomar las urgentes y dolorosas medidas económicas que el país necesita, lo único que hace es alejar la deseada salida pacífica.

En este momento de trascendencia histórica, los líderes opositores, uno de ellos López, deben hacer nuevos llamados a mantener la unidad, en primer lugar, y a protestar pacíficamente, evitando atizar la violencia.