Editorial

Avasallamientos y espacios protegidos

viernes, 07 de julio de 2017 · 12:00:00 a.m.
Prácticamente no hay espacio en la ciudad de La Paz que, cualquiera sea su función o valor natural o patrimonial, se salve de ser avasallado. Sucede en el centro de la ciudad con la destrucción desaprensiva de edificaciones que son parte de la historia arquitectónica de la urbe,  y en las afueras, donde espacios verdes e incluso áreas de turismo natural son "urbanizadas” sin control, medida ni clemencia.

Lo del centro es simplemente para lamentar sin esperanza. Que sean nuestros principales jerarcas quienes avalen y festejen que el centro neurálgico de la identidad paceña (la plaza Murillo) sea víctima de la depredación para construir una enorme mole de cemento de muy mal gusto, hace que las voces para reclamar y exigir medidas de preservación y cuidado del centro de la ciudad queden embargadas. La Paz se aleja de su propia imagen, quedando ésta librada al abigarramiento, sin identidad alguna.

Pero no se queda allí la afrenta.  Los espacios naturales, otro de los tesoros de esta ciudad de montañas, están también amenazados.

La Muela del Diablo, el Valle de las Ánimas, los cerros de Mallasa, Achumani, Irpavi e incluso del Valle de la Luna -que es una especie de parque natural- no son más los espacios de paseo y contemplación de la naturaleza que fueron; loteadores inescrupulosos que no respetan límite ni propiedad alguna ya ha cuadriculado estos espacios y, si pudieran, dinamitarían los cerros para hacer de ellos terrenos comercializables.

Basta dar un paseo por cualquiera de estos lugares que hasta hace unos años eran destino de excursiones y práctica de deporte de montaña  para constatar que ahora falta poco para que pasear por ellos sea considerado una invasión a la propiedad privada: cercos, alambrados cuando no terraceos a plena luz del día han hecho de los alrededores de La Paz una tierra de nadie. O más bien de muchos: loteadores sin control ni autoridad que pueda evitarlo.

En mayo, un vecino de Irpavi fue asesinado luego de ser secuestrado después de ser amenazado, durante un año, por loteadores que se habían adueñado de sus terrenos. 

El Valle de la Luna fue declarado área protegida a  través de una  ley municipal autonómica para su conservación  e impulso turístico; esto, como para impedir más avasallamientos de loteadores. 

De  manera que no sólo hay que luchar contra las construcciones ilegales en terrenos no aptos para ello, sino contra la depredación de loteadores que pueden llegar incluso al asesinato. Pobre ciudad, librada a los apetitos de todos: desde sus más importantes representantes hasta oportunistas avasalladores que no reparan en destruir sus espacios de recreación.