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editorial

Amenazas a la prensa

Amenazas a la prensa
Cándido Ríos es el noveno periodista que muere asesinado en México (en Veracruz) en lo que va del año. México se ha convertido en uno de los países donde el periodismo es una profesión de altísimo riesgo, más incluso que regiones de conflicto bélico. Pero no es el único.

Aunque no existe en estos años la otrora predominante persecución de las dictaduras, la voluntad de acallar a la prensa es intrínseca al poder. A todo tipo de poder: desde el político, hasta el económico empresarial y, obviamente el de las mafias. 

Los números son alarmantes: hay cada vez más periodistas a los cuales se les impide ejercer su función, son presionados, censurados, amenazados, encarcelados o, en el peor de los casos, asesinados. 

Paradójicamente, mientras son más universales los principios de libertad de expresión, diversos intereses son más evidentes en sus propósitos de acallar a la prensa, y ya no hay disimulo en la persecución. Países como Egipto y Turquía, son emblemáticos. En ellos, la situación de los periodistas y los medios de comunicación se ha deteriorado dramáticamente con centenares de periodistas encarcelados.

En la región, los casos más alarmantes son México y Venezuela -donde los medios internacionales y críticos han sido prácticamente acorralados-, pero a los malos antecedentes de países como Bolivia, Ecuador y Nicaragua, han venido a sumarse los medios y periodistas norteamericanos, a quienes el nuevo presidente, Donald Trump, identifica como sus peores enemigos.

Es decir que la libertad de la prensa en las democracias más antiguas  también está siendo atacada. 

Además, la presencia de las redes sociales -en las que incluso los mandatarios cobran protagonismo- configura un complejo escenario que incrementa las exigencias de los medios por seriedad y credibilidad. Y ésta es otra amenaza a la libertad de expresión. ¿Dónde queda el compromiso personal del periodista con la ética y la seriedad en la información? Es difícil aventurar una respuesta, pues mientras vemos ejemplos como el del también asesinado cronista del narco en México, Javier Valdez, que reivindicó el compromiso personal por un periodismo de denuncia y fiscalización del poder (todo tipo de poder), otros colegas apuestan más bien por un periodismo que defienda o pacte con éste. Y las posibilidades de censura son infinitamente menores en las esferas del poder (cualquier tipo de poder). Con la ayuda de la desinformación, difusión de teorías de conspiración y acoso cibernético a quienes piensan o son diferentes, se limita el debate plural, esencial para la democracia.

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