editorial

Tardío acuerdo con los médicos

jueves, 11 de enero de 2018 · 00:00

Los médicos mantuvieron durante 47 días una dura batalla contra el gobierno del presidente Evo Morales destinada a que fuera derogado el artículo 205 del nuevo Código del Sistema Penal, que criminalizaba su profesión. Al final de su larga huelga, finalmente el Gobierno aceptó la firma de un acuerdo, consistente en derogar el mencionado artículo, además del 137, que penalizaba las acciones de los transportistas, y abrogar los decretos que creaban instancias de supervisión estatal del trabajo médico. Las autoridades pudieron haber puesto fin al problema con mucha anterioridad.


Durante la larga lucha de los trabajadores de salud, otros sectores se fueron sumando al pedido, primero de manera tímida y, después, más activa, al conocerse que entre los casi 700 artículos del nuevo código había medidas que habían pasado desapercibidas para los parlamentarios opositores: 1) las que afectan al derecho a protesta; 2) las que en la práctica dejan sin efecto a la Ley de Imprenta; 3) las que penalizan la actividad misional de las iglesias; 4)  las que temen que sus actividades comerciales sean penalizadas, entre otras.


Sin embargo, esas reacciones, paralelas a los del sector de salud, llegaron hacia la finalización del conflicto médico, por lo que se le sumaron solo parcialmente. Con la firma, la noche del lunes, de un acuerdo que pone punto final al paro médico, parte de la disputa empieza a solucionarse, aunque algunos sectores han seguido con sus medidas de protesta y las bases del área de salud han desconocido al dirigente Aníbal Cruz, que suscribió el acuerdo con el ministro Carlos Romero. Por lo tanto, la pacificación  no ha llegado por completo.


Las protestas se produjeron por tres razones, siendo la primera la más evidente: la criminalización de la actividad médica, y la abusiva promulgación del código por parte de Álvaro García Linera cuando era presidente interino el 15 de diciembre, indignó a los trabajadores de salud. Los galenos y otros profesionales del sector no podían perder esta batalla ya que el futuro de sus profesiones estaba en riesgo.


La otra razón, relacionada al anterior, es la manera sectaria y verticalista con la que el oficialismo inició la redacción del nuevo código. Los casi 700 artículos fueron aprobados sin una apropiada discusión. Cada vez que parlamentarios contrarios al Gobierno hacían críticas al texto, como las que se referían a la despenalización del aborto o a la reducción de las penas para el microtráfico, el oficialismo reaccionaba con virulencia y autocomplacencia. 


Los líderes de las dos cámaras legislativas no  alentaron un debate abierto con diversos sectores para una norma que es tan importante para el país. ¿No debió haber un proyectista y un debate técnico profundo antes de aprobar esta importante reforma?  El proceso se hizo a puertas cerradas, tanto que solo a principios de enero los ciudadanos de a pie nos desayunamos que tenían tantas falencias.


Otra explicación, más estructural, puede sumarse a lo mencionado: existe un malestar en la población ante la manera abusiva de actuar del régimen. La violación de la decisión del referéndum del 21F, que explícitamente le negó a Morales el derecho a postularse una vez más, le ha mostrado al país que  no cree realmente en la democracia. Morales había prometido no intentar un tercer mandato, para luego romper su palabra. Luego dijo que no buscaría un cuarto período, y con la convocatoria al referéndum volvió a demostrar que no cumple con lo que dice. Finalmente, tras señalar que sí respetaría ese voto, volvió a contradecirse para buscar, mediante el Tribunal Constitucional, que controla directamente, la posibilidad de postular de manera indefinida.


Si el voto popular no se respeta y el Presidente no cumple con lo que dice, una gran parte de la ciudadanía, sobre todo de las ciudades, ve que la democracia está en peligro. Ello está en el trasfondo de las protestas de las últimas semanas, la sensación de que el Gobierno está a punto de poner fin a la institucionalidad democrática. Así, es posible que las protestas ciudadanas amainen por un tiempo, para volver después con más ahínco.