El polémico indulto a Fujimori

martes, 02 de enero de 2018 · 00:00

El presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski ha tomado la polémica decisión de indultar al exmandatario Alberto Fujimori, una acción que ha enardecido a sus rivales y que ha generado una ola de protestas.

Como todas las figuras políticas, Fujimori puede ser juzgado de diferentes maneras. El expresidente (1990-2000) sin duda tuvo un rol positivo en varios ámbitos, dos de ellos principales: uno, haber introducido los cambios económicos de racionalización y liberalización económicas que han dado, en las décadas posteriores, importantes resultados en ese país, desde crecimiento sostenido hasta rebaja notable de la pobreza y las desigualdades sociales.

La otra área en la que destacó el rol de Fujimori fue, evidentemente, la derrota del terrorismo. Un grupo como Sendero Luminoso fue al final derrotado mediante acciones militares, pero sobre todo de inteligencia. La captura de Abimael Guzmán, el líder de esa banda terrorista, se produjo gracias a seguimientos de personal especializado que detectó sus movimientos. Haber vencido a Sendero Luminoso le permitió al vecino país utilizar sus energías, creatividad e inteligencia colectiva en aspectos productivos y no en defenderse de la violencia como tuvo que hacerlo por largos años.

Pero, Fujimori tuvo entre sus  grandes defectos el intentar ser elegido para un tercer mandato cuando la Constitución de su país solo permitía dos. Su intento de eternizarse en el poder terminó haciendo sucumbir a su régimen tras una oleada de movilizaciones sociales.

No sólo eso. Fujimori instaló una masiva red de corrupción, chantajes, amedrentamientos y extorsión de empresarios, políticos, periodistas y otras figuras públicas que envileció a ese país. Su lugarteniente, Vladimiro Montesinos, es recordado como una tenebrosa figura de abuso y chantaje. 

Fujimori y Montesinos tienen aún un legado negativo más, quizás el más grave de todos: haber cometido crímenes de lesa humanidad, creando grupos paramilitares que torturaron y asesinaron a adversarios políticos.

Tras huir a Japón cuando su régimen hacía aguas, y renunciar vía fax, lo que ha ingresado a los anales de lo peor de la historia peruana, Fujimori se trasladó sorprendente e inesperadamente a Chile en 2005. Ese país, tras un proceso judicial de dos años de duración, decidió expulsarlo para que sea juzgado en su país, donde recibió la pena de condena perpetua.

Desde el inicio de su administración, Fujimori ha sido un personaje que polariza y tensiona a la política y sociedad peruanas. Cerró el Parlamento en 1992, generando una situación de irregularidad constitucional, pero luego ese evento le fue “perdonado” por sus éxitos contra Sendero Luminoso al que hay que añadir el espectacular rescate de decenas de secuestrados por el MRTA en la residencia del embajador japonés en Lima, en 1997.

Tras el fin de su gobierno, Fujimori ha seguido dividiendo a Perú. Su presencia es tan fuerte que la corriente política que lleva su nombre (fujimorismo) le ha permitido a su hija Keiko pasar a la segunda vuelta en las dos últimas elecciones nacionales. En 2010 obtuvo el 48,5% de los votos y en 2016, cuando perdió frente a Kuczynski, el 49,9%.

La fuerte presencia del fujimorismo ha hecho que sea hoy la fuerza que tiene mayoría de parlamentarios en ese país, lo que ha amenazado la viabilidad de la gestión de Kuczynski. Tan acorralado estaba el mandatario que, ante las denuncias de irregularidades con respecto a Odebrecht, su presidencia pendía de un hilo, y de no haber sido por el apoyo de una facción del partido Fuerza Popular, que lidera Keiko Fujimori, Kuczynski hubiera sido destituido por el Congreso. Y de la negociación para su permanencia en el cargo surgió la espuria decisión del Presidente de indultar a Fujimori.

Solo en el largo plazo los peruanos podrán aquilatar de mejor manera el verdadero rol que jugó Fujimori en su país. Hoy, lamentablemente, su figura solo los divide.

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