editorial

Enfoque punitivo sobre las drogas

miércoles, 03 de enero de 2018 · 00:00

 Una veintena de instituciones especializadas en temas relacionados con el consumo de drogas, detenciones ilegales, derechos de los privados de libertad y defensa de derechos humanos hizo conocer hace unos meses  su preocupación debido a que el proyecto de Código de Sistema Penal no elimina el consumo de drogas como un delito.


El Gobierno conduce una gestión supuestamente progresista, que se refleja adecuadamente en algunos aspectos, como haber ampliado el derecho de la mujer de interrumpir el embarazo, pero en otros muestra lo contrario, actitudes retrógradas y conservadoras.


Precisamente el tema del consumo de drogas está en ese plano y usa una ideología casi centenaria que lo considera un delito en vez de un problema de salud pública.


Aquí también debe dividirse el análisis entre las drogas “duras” (cocaína y todos los opioides) y marihuana. El consumo de ambas debería despenalizarse, pero en el caso de las segundas se debería avanzar más aún. Mientras estudios internacionales demuestran que el consumo de marihuana es menos nocivo, en todos los aspectos, que el del alcohol, en Bolivia los legisladores siguen entrampados en visiones punitivas, que otros países ya han desechado.


En la región, Uruguay lidera el esfuerzo de legalización del consumo y producción de marihuana, una situación que es replicada en varias otras naciones, que ya no penalizan el consumo. En EEUU, la despenalización para uso medicinal de la marihuana abarca actualmente a más de la mitad de sus estados, y el consumo recreacional es permitido en ocho de ellos además de Washington DC, su capital. Lo mismo sucede en la mayoría de Europa.


El Legislativo, y la mayoría masista en él, tiene la oportunidad para avanzar como lo hizo en el tema de la interrupción del embarazo y permitir la tenencia, el transporte y consumo de cantidades de droga para uso personal, ya sean duras o blandas, estableciendo con claridad las cantidades autorizadas.

Hoy la ambigüedad provoca abusos de policías, jueces y fiscales, e inermidad en los consumidores.

En el caso de la marihuana, incluso podría despenalizarse la posesión de un número determinado de plantas, como ocurre en España y otras naciones.


Nuestras cárceles están llenas de personas, muchas de ellas jóvenes y, además, de escasos recursos, que tuvieron la mala suerte de encontrarse con policías antidrogas en posesión de marihuana o cocaína para su propio consumo. Lo mismo sucede con los que trafican pequeñas cantidades de sustancias. Mientras los peces gordos del tráfico ilegal viven protegidos en sus grandes mansiones, ubicadas en Sao Paulo, Lima o Santa Cruz, los que trafican pequeñas cantidades llenan las cárceles.