Editorial

Comandantes de la Policía

lunes, 08 de enero de 2018 · 00:35

En cuanto a los comandantes de la Policía, pareciera que el país va de mal en peor. Primero fue la impresentable declaración del excomandante Abel De la Barra, quién apareció en el acto de “proclamación” de Evo Morales como candidato para 2019. De la Barra dijo primero que estuvo presente en el acto masista porque apoya el “proceso de cambio”, para luego contradecirse y asegurar que lo hizo como “persona civil”. Finalmente mostró la camiseta de fútbol que usó durante el acto, cuyos colores coinciden con los del MAS (y cometió un gafe al confundir el nombre del equipo italiano que usa esos colores).
De la Barra actuó mal porque participó en un evento político, algo prohibido por la norma que rige el trabajo policial. Ninguna autoridad, y especialmente su exjefe, el ministro de Gobierno, Carlos Romero, lo reprendió por haber actuado de esa manera. Sin embargo, fue echado del cargo, lo que pareció un gesto de llamada de atención.
Las cosas no mejoraron, sino que empeoraron, al nombrarse al nuevo comandante, Faustino Mendoza. En su primera alocución tras ser nombrado en el cargo, anunció que una de sus primeras tareas será continuar con la redacción de la nueva Ley Orgánica de la Policía (LOP), la cual buscará adecuar “al proceso de cambio”.
O sea que Mendoza ha cometido una falta mayor que la de su antecesor. La ley establece que la Policía es una institución apartidista y autónoma, que representa al Estado y no a  determinada facción política que conduce el Gobierno. Esto es muy grave. Es obvio que la Policía, como las FFAA y otras entidades del Gobierno, están bajo la férula del régimen, y actúan sin la autonomía que tuvieron en el pasado, pero intentar que ello se plasme ahora en las leyes que norman sus acciones es preocupante.
La democracia es, entre otros aspectos, un sistema que propugna el equilibrio de poderes. Esa idea, que ayuda a la construcción de un Estado de Derecho, es despreciada por el presidente Evo Morales, que la ha calificado como un “invento del imperio” para favorecer a “la derecha”. Son opiniones sin mucha profundidad, pero que reflejan la mentalidad de alentar la mayor concentración de poder estatal posible para ponerla a trabajar a favor de los intereses del partido de Gobierno, que defiende explícitamente la idea de no abandonar el poder.
Las declaraciones como las de De la Barra y Mendoza son mensajes muy claros al resto de la sociedad y deberían llamar a la reflexión a sus responsables que están arriesgando más aún el debilitado prestigio de la institución del orden, que se debe a todos los bolivianos y no al Movimiento al Socialismo.
 

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