Editorial

Un boliviano condenado a muerte

miércoles, 28 de febrero de 2018 · 00:00

A diario se escuchan noticias de ciudadanos bolivianos detenidos en aeropuertos de diferentes ciudades del mundo transportando diversas cantidades de cocaína. En esos casos, se aplican las leyes locales y nadie puede decir nada al respecto, pues el tráfico de drogas está penado a nivel mundial.


Sin embargo, en los últimos días ha causado conmoción la noticia de que un ciudadano boliviano ha sido sentenciado a la horca en Malasia por el transporte de 450 gramos de cocaína en su estómago.


Se trata de Víctor Parada, un ciudadano cruceño que radicaba en España y que, luego de pasar un calvario que incluyó una deportación y la amputación de tres dedos de la mano, se convirtió en un tragón, la persona que ocupa el peldaño más bajo en la escala del narcotráfico y que lleva cápsulas de cocaína en su estómago.


Por eso, es estremecedor saber que Parada ha sido condenado a la horca, pues no se trata de un pez gordo del narcotráfico ni mucho menos, sino de una especie de peón en la cadena del tráfico de drogas.


La mayor parte de los países ya no aplica la pena de muerte en ningún caso, en atención a tratados internacionales que promueven su eliminación de las legislaciones. Sin embargo, aún existen 58 naciones, entre ellas Estados Unidos y, por supuesto, Malasia, que aún aplican este castigo para delitos graves.


En el caso de Malasia, una norma de la década del 50 establece que quien sea sorprendido con más de 40 gramos de cocaína es sentenciado a muerte. 


Las autoridades bolivianas han tomado la decisión de hacer gestiones diplomáticas y judiciales para salvar la vida de Víctor Parada y para que pueda cumplir una condena en Bolivia. 


Sería aconsejable, además, que organizaciones de derechos humanos y de la sociedad civil boliviana se pronuncien para coadyuvar en la causa, puesto que el transporte de cocaína y más aún en una cantidad tan pequeña (450 gramos en este caso), no debería merecer una sanción tan drástica. 


El drama de Víctor seguramente debe ser el de muchos, que ante la falta de oportunidades económicas se ven en la necesidad de migrar y/o de convertirse en mulas del narcotráfico, que es la otra denominación que reciben quienes llevan droga en sus estómagos.


Víctor Parada, entre todos estos acusados de tráfico ilícito de drogas, ha tenido la peor suerte porque ha caído en manos de la justicia de un país que aplica sanciones medievales en pleno siglo XXI. Este ciudadano boliviano merece una nueva oportunidad porque, si bien ha cometido un delito, es también una víctima de la cadena de las drogas.
 

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