Editorial

La planta de úrea, paralizada otra vez

martes, 13 de marzo de 2018 · 00:00

La obra pública más importante de la historia boliviana, a un costo de 1.000 millones de dólares, es la fábrica de úrea y amoniaco de Bulo Bulo. El Gobierno se empecinó en construirla y actuó contra la opinión de expertos, que señalaron que la dimensión de la planta era demasiado grande y que la ubicación era inadecuada, en el Chapare, lejos de la frontera con Brasil, el supuesto mercado para ese producto, y una zona excesivamente húmeda.


Aparte de esos problemas, la planta tiene otro adicional: por alguna razón, que no se conoce con exactitud, pasa mucho tiempo cerrada. El primer corte se produjo en diciembre pasado, a sólo tres semanas de su inauguración. En esa ocasión, las autoridades dieron información errada al señalar que la suspensión de la planta había sido “programada” y que estaba prevista desde el principio. Eso era por lo menos dudoso, considerando que no podía haber una interrupción “programada” a pocos meses de su puesta en marcha. Pero luego tuvieron que admitir, presionados por los medios de comunicación y dirigentes opositores, que una falla eléctrica había dañado uno de los módulos que controla uno de los compresores. ¡A tres meses de haberse inaugurado!


Samsung, encargada de construir la planta, trajo al país otro módulo y fueron reiniciadas las operaciones. Pero no por mucho tiempo. Esta semana, el senador opositor Óscar Ortiz denunció que la usina está parada otra vez. 


Como la primera vez, ni las autoridades de YPFB ni las del Ministerio de Energía informaron de esta segunda interrupción. Si no era por la denuncia del dirigente opositor, la situación no se hubiera conocido. 


El Gobierno, aparte de admitir esta segunda interrupción del servicio, no ha informado las razones de la misma.


No puede ser que una obra de la magnitud y el precio de la planta de Bulo Bulo esté nuevamente parada, a seis meses de su inauguración. Luego de apenas 24 semanas funcionando,  el complejo industrial ha estado detenido durante seis semanas, es decir que ha estado paralizado uno de cada cuatro días. Es un escándalo de proporciones siderales. Esto ocasiona pérdidas a una empresa ya previamente calificada como de viabilidad muy incierta.


Y luego vino el remate a este asunto: ni el Instituto Nacional de Estadística (INE) de Bolivia ni el Ministerio de Comercio Exterior de Brasil registran la supuesta exportación de 50.000 toneladas de úrea al país vecino. Simplemente no se sabe qué sucedió con ese enorme envío. 


Mientras tanto, las autoridades no aclaran, fieles a su estilo marcado por el secretismo y la falta de transparencia, la situación.

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