Editorial

Adecuada reacción sobre reciprocidad

sábado, 03 de marzo de 2018 · 00:00

El problema de la reciprocidad para servicios de salud con Argentina nunca debió producirse. Es muy probable que la crisis se haya generado debido a la poca experiencia de dos ministros sin conocimientos específicos para ocupar los cargos que tienen: el canciller Fernando Huanacuni y la ministra de Salud, Ariana Campero.


Ambos manejaron la situación de manera errada, torpe y desdeñosa. La respuesta de la Cancillería debería mantenerse en los anales de lo que no debe hacerse en el ámbito de las relaciones internacionales. Esa cartera de Estado emitió un comunicado, que provino de un informe previo de la de Salud, que simplemente señaló que no está previsto en la legislación boliviana dar tratamiento médico a nadie que no esté asegurado en la Caja Nacional.


Ello provocó la reacción argentina, que anunció la aprobación de una ley que impediría a los bolivianos tener salud gratuita en ese país, derecho del que gozan desde hace décadas.


El miércoles, el presidente Evo Morales entró en acción y puso las cosas en el lugar correcto. Primero hizo que Huanacuni y Campero comparecieran en una conferencia de prensa para reconocer su error y asegurar que el Estado boliviano sí dará esa reciprocidad. El mismo Morales, más tarde, pronunció un discurso en el que ratificó aquello y dijo que el pedido del país vecino era razonable.


En Argentina viven cientos de miles de bolivianos. Éstos, más sus hijos, suman un millón de personas, según algunas estimaciones (otras proyecciones establecen medio millón o menos). Como sea, Argentina es un país que ha acogido, dado empleo, servicios de salud y educación a miles de bolivianos en el último medio siglo o más. Para Bolivia, esa nación ha sido crucial para sacar de la pobreza a muchos de nuestros compatriotas. Obviamente, como todos los migrantes, también esos bolivianos ayudaron al desarrollo argentino, pero no hay cómo negar que su política con respecto a los migrantes ha sido generosa y desprendida.


La decisión del Gobierno es conveniente para los intereses del país. Si en Argentina existen decenas de miles de bolivianos, en Bolivia esos migrantes son muy pocos, tal vez solo cientos o unos pocos miles. Por lo tanto, que tengan acceso a nuestros hospitales públicos no generará, desde ningún punto de vista, un trastorno.


La política exterior de un país debe estar orientada, en gran medida, a defender los intereses de sus compatriotas en el exterior, no a lanzar vacíos discursos contra el “imperialismo” e insultos a gobiernos de distinta orientación política.


“Tiene toda la razón el hermano argentino de plantearnos que los argentinos que viven en Bolivia tengan el mismo tratamiento. Van a tener el mismo tratamiento hermanos argentinos que viven en Bolivia”, dijo el presidente Evo Morales para zanjar el conflicto, aunque un poco extemporáneamente.


Lo cierto es que la reciprocidad es un principio fundamental de la diplomacia que se debe aplicar sin contemplaciones, especialmente en situaciones en las que hay importantes movimientos migratorios, como es el caso boliviano particularmente, con más de un millón de ciudadanos  en ese país.


En Europa, por ejemplo, rigen convenios de este tipo, que permiten que ciudadanos de un país puedan ser asistidos en materia de salud en cualquier otra nación europea. Cada año  se hace un balance de sumas y saldos para equilibrar costos. ¿Por qué no optar por algo parecido en Bolivia?


Además de un nuevo gaffe (metida de pata) de los ministros señalados, este asunto volvió a poner en evidencia la crisis del sistema de salud boliviano, que es insuficiente para los propios y obviamente para los extraños, y que obliga a muchos bolivianos a ser “exiliados” de la salud, pues deben buscar otros países –tanto mejor si de forma gratuita- para acceder a tratamientos costosos y urgentes.

Bolivia no tiene ni los especialistas ni los recursos en equipamiento e infraestructura, para brindar adecuada atención a enfermos de cáncer y otras dolencias que deben buscar en el extranjero la posibilidad de salvar sus vidas.

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