Editorial

Entusiasta apoyo a Evo en Madrid

domingo, 04 de marzo de 2018 · 00:30

No debería llamar la atención que el expresidente del Gobierno español  José Luis Rodríguez Zapatero  hubiera respaldado a Evo Morales. La amistad entre ambos es de larga data y, hasta donde se puede comprobar, de mutuo afecto y respeto. Lo cuestionable es que alguien como el exdignatario español, que es conocido mundialmente por su respaldo a causas igualitarias y democráticas, apoye que Morales continúe en su lucha por el poder, a pesar de lo que dicta la Constitución Política del Estado boliviana y la voluntad expresada por el 51,3% de los electores bolivianos en un referendo convocado por el mismo Evo Morales para consultar si puede o no presentarse a nuevas elecciones presidenciales.

Pues esto es precisamente lo que pasó en un acto realizado recientemente en Madrid. Zapatero participó junto a dos dirigentes de izquierda de ese país, Pablo Iglesias, de Podemos, y Alberto Garzón, coordinador general de Izquierda Unida (IU), en un acto de apoyo a la reelección de Evo Morales, justamente el mismo día (21 de febrero) en que en Bolivia se organizaban protestas para reclamar el respeto al resultado de esta consulta democrática.

¿Desinformación, improvisación, falta de respeto a los ciudadanos bolivianos? Un poco de todo. Lo cierto, sin embargo, es que no debe llamar tanto la atención esta manifestación de parte de Iglesias, cercano habitúe y asesor del gobierno del MAS. Tampoco de Rodríguez Zapatero, si se considera, además, su cuestionado papel de “negociador” entre los dirigentes opositores venezolanos y representantes del Gobierno de ese país. Su intento de lograr un diálogo entre ambos bandos ha sido un estrepitoso fracaso que ha puesto en evidencia un afán de dividir a los opositores, generarles desconfianza y chantajearlos para que acepten las condiciones inaceptables para hacer política en Venezuela.

En cuanto al acto realizado en Madrid -con la bandera boliviana como parte del escenario y el impasse de algunos bolivianos coreando “Bolivia dijo No” oportunamente desalojados del evento-, ha sido una expresión de  paternalismo e hipocresía.

Paternalismo, porque estos políticos españoles creen tener el derecho de inmiscuirse en asuntos internos de otros países, con el pretexto de que están gobernados por personas de pensamiento progresista. E hipócrita, porque ellos mismos no aceptan para sus sociedades lo que defienden para otros países.

Zapatero, en su alocución, se refirió a Morales de una manera condescendiente al extremo. Dijo, por ejemplo, que durante su gestión ordenó la donación de más de 300 ambulancias para Bolivia, que Morales siempre le hablaba de la pobreza boliviana y que el mandatario boliviano no estaba “interesado por las cuestiones del poder”, sino que era un ser extremadamente humilde y agradecido con España (y con él en particular). Es el discurso más simplista y superficial que alguien podría dar.

Sería interesante preguntarles directamente a los tres entusiastas aliados de Morales si ellos estarían de acuerdo con que en España se anulara un acto electoral, una votación popular completa. Eso es exactamente lo que ha realizado Evo Morales en Bolivia, al no acatar el resultado del referendo del 21F, que rechazó una reforma constitucional que le hubiera permitido postular a un cuarto mandato consecutivo. Luego, un Tribunal Constitucional dependiente del Gobierno emitió un fallo que le permite volver a postular, de manera indefinida, para que sus “derechos humanos” sean respetados.

En España, el 6 de diciembre de 1978, por ejemplo, se realizó un importante referendo que aprobó una nueva Constitución y permitió a España afianzar su transición democrática. Sería interesante preguntarle al trío Zapatero-Iglesias-Garzón qué hubieran pensado si algún gobierno español posterior intentaba desconocer el resultado de ese referendo. Para ellos el valor del voto es importante en su propio país, pero no necesariamente en una nación pobre y además liderada por un dirigente de origen campesino.

Cosas de un colonialismo que está, como se ve, más vigente que nunca; lamentable para el prestigio de un líder progresista como Rodríguez Zapatero que había dejado una herencia admirable de respeto por los derechos, la equidad y la democracia.

 

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