Editorial

Protestas extremas

domingo, 01 de julio de 2018 · 00:15

Los últimos días, La Paz se ha sobresaltado con medidas de presión extremas protagonizadas por los enfermos de cáncer y los estudiantes y docentes de la UPEA.

Por un lado, las enfermas de cáncer –la mayoría de las que están en la lucha son mujeres– se han crucificado en  el puente de las Américas para que quede claro que su situación es cuestión de vida o muerte. Luego, se han declarado en huelga de hambre.

En una acción desesperada,  protestaron porque la Unidad de Radioterapia del Hospital de Clínicas ha sido cerrada para su reestructuración, lo que las dejó sin atención de salud en el servicio público.

 La protesta de los enfermos de cáncer muestra la peor cara del Estado Plurinacional. Es toda una paradoja si se considera que las autoridades se indignan cuando medios internacionales dicen que Bolivia es el país más pobre de la región. De inmediato refutan que es el que más ha crecido, que prácticamente ha derrotado a la pobreza, aseguran que es un Estado en bonanza que se puede dar el lujo de construir un nuevo Palacio de Gobierno con sauna y gimnasio, destinados a preservar la salud de Evo Morales. Pero ahí estaban los enfermos de cáncer del mismo Estado Plurinacional crucificados y en huelga de hambre, como un signo de vergüenza nacional.

Finalmente, la Gobernación firmó un acuerdo para licitar la atención en un centro privado mientras dure la reestructuración, pero tal es el abandono de este sector  que las mujeres decidieron hacer vigilia porque aún no creen que eso sea una realidad.

Por otro lado, los estudiantes y docentes de la UPEA también protagonizaron medidas extremas: se tapiaron, escribieron carteles con la sangre de sus venas y atacaron con fuego las puertas de la Defensoría del Pueblo y el canal estatal Bolivia TV. Estas últimas son acciones censurables desde todo punto de vista.

La UPEA exige un presupuesto adicional de forma sostenible. Rechaza los 70 millones de bolivianos que se le asignó extraordinariamente para este año.

Las medidas de la UPEA demuestran que los líderes de la protesta están desesperados y que no saben cómo obtener lo que exigen o cómo conseguir apoyo de la ciudadanía. De seguir con acciones violentas, no lograrán sumar apoyo; por el contrario, el discurso del Gobierno que busca mostrarlos como vándalos irá calando más hondo. En una casi derrota, el movimiento ha hecho un alto en sus protestas el viernes y se espera un diálogo este domingo.

Como se puede ver estamos asistiendo a la radicalización de la protesta, en desmedro de la vida, de la salud y de la seguridad, sin que ello se corresponda con los logros obtenidos. ¿Valdrá la pena?
 

 

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