Editorial

Mentiras que ponen vidas en peligro

martes, 10 de julio de 2018 · 00:15

En las pasadas semanas, tuvieron lugar en La Paz una serie de cursos, seguidos de conferencias públicas bajo el título “Elige sentirte bien”. Los cursos son impartidos por un doctor ayurveda Sasha Milenkovich, proveniente de la India, en gira latinoamericana, y las conferencias están a cargo de la conocida presentadora de televisión Karla Revollo, que se presenta como “periodista en salud” y “health coach”. Sitios tan grandes como el Cine 6 de Agosto  o el auditorio de la Universidad Nuestra Señora de La Paz  se llenan para estas charlas. 

El discurso versa, principalmente, acerca de la alimentación sana. Hasta ahí, todo bien. Luego empieza a derivar hacia una supuesta conspiración de las industrias alimenticia y farmacéutica, a las cuales se acusa de connivencia para envenenar a la humanidad y causarle cáncer, de modo que se beneficie la industria farmacéutica. Ese mundo corporativo, según ese discurso, está gobernado por ejecutivos infames sin otro fin que el lucro.

La forma de comunicar de Revollo es efectiva: es articulada, pedagógica, fluida, y persuasiva. Ello, sumado a su perfil televisivo, la convierten en la credibilidad encarnada. Durante al menos dos horas lanza un torrente de datos, porcentajes, nombres de compuestos químicos cuya fuente es supuesta y frecuentemente  la Organización Mundial de la Salud. 

El discurso se vuelve sospechoso cuando afirma que sólo una alimentación saludable —y de ninguna manera la medicina— es capaz de curar todo tipo de cáncer. En el curso, el Dr. Sasha incluso receta una fórmula directamente tóxica llamada MMS o Solución Mineral Milagrosa, por sus siglas en inglés, que es un desinfectante de hospitales. Hacia el final de la presentación, la charlatanería se pone peligrosa: basada en datos falsos y desmentidos, Revollo afirma que las vacunas causan autismo: que no se debe vacunar a los niños porque las vacunas dañan más de lo que solucionan y que sólo están ahí para beneficiar a las grandes compañías farmacéuticas. Consultada por este medio, ella dice estar a favor de las “vacunas seguras”, tampoco precisa cuáles son las no seguras y no permite repreguntas. También señala que no se refiere al tema en sus charlas.

La audiencia  está compuesta por gente de recursos modestos, sin la formación para poder refutarla. Son audiencias acríticas, que recibirían de buen grado cualquier afirmación que coloque la culpa de sus males en terceros. 

El movimiento global antivacunas, entonces, ya se halla entre nosotros, con todos los peligros que ello implica. El movimiento, en su gran mayoría dirigido por personas sin calificaciones médicas o científicas (o, irónicamente, sin credenciales), se basa principalmente en los supuestos efectos colaterales a corto y largo plazo de la vacunación. Efectos que son a menudo triviales en comparación con la gravedad de lo que antes eran enfermedades comunes.

El movimiento halló sus credenciales en la publicación de un estudio médico de 1998 firmado por 13 científicos y que fue aplastantemente refutado en 1999. Tras ese desmentido, 10 de los autores se retractaron y dos perdieron sus licencias, pero el daño ya había sido hecho, pues el estudio original sigue siendo citado por los antivacunas. 

Por lo observado, el método de mezclar verdades, medias verdades y absolutas mentiras, arropadas en citas apócrifas atribuidas al azar a entidades serias como la OMS o a otras inexistentes o imposibles de hallar, dará muy buen resultado ante una audiencia boliviana acrítica y que no tiene las herramientas para distinguirlas. 

Ello puede resultar en serios daños en el escudo inmunológico tan arduamente logrado por una sociedad con recursos limitados como es la boliviana, y, en última instancia, en individuos afectados o muertos por enfermedades erradicadas o en curso de erradicación, o incluso en brotes de endemias o epidemias. 

Las autoridades nacionales de salud y la propia OMS harían bien en asistir a estas charlas y poner los puntos sobre las íes. La salud de la sociedad entera está en juego.
 

 

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