Editorial

Ideología vs. interés nacional

viernes, 06 de julio de 2018 · 00:15

Bolivia y Ecuador se encuentran ante un impasse diplomático, luego de que el presidente  Evo Morales  tuiteara en días pasados su repudio por la orden de arresto emitida por Interpol contra el expresidente ecuatoriano Rafael Correa, solicitada por el Estado ecuatoriano. La posición de Morales provocó que el Estado ecuatoriano emitiera una dura nota de protesta y, más allá, convocara a su embajador a consultas. Es uno de los gestos diplomáticos más fuertes que puede emitir un Estado antes de la suspensión de relaciones. 

El gesto del presidente Morales es sintomático de su forma de ver la política. Él tiene amigos y enemigos, y esta distinción gira en torno a la ideología. Se es su amigo si se está de acuerdo con él, y se es su enemigo si no. En su ecuación binaria no entra el interés nacional. Porque, ¿qué sería más importante para Bolivia? ¿Mantener buenas relaciones con un país hermano, con el cual se tiene, seguramente, un  significativo flujo comercial, o ser solidario con su expresidente, cuestionado, pero amigo, cuya amistad o situación legal empero no significan nada en términos del interés nacional? 

No es la primera vez, ni la segunda  ni la tercera, en que el Presidente —y aquí él es el Estado— actúa en función de la afinidad ideológica versus el interés nacional. 

En aras de la ideología se sacrificó Ametex y a sus miles de trabajadores, que proveía de prendas de suprema calidad a las mejores marcas del mundo, porque lo que le permitía su buen desempeño comercial era la Ley de Promoción de Preferencias Arancelarias Andinas y Erradicación de Drogas (ATPDEA) de Estados Unidos. El Gobierno simplemente dejó expirar los plazos de renovación del ATPDEA con el pretexto de que los mercados venezolano y cubano suplirían al estadounidense. No hace falta decir más. 

También se favorecen las relaciones con países tan lejanos y para nosotros irrelevantes como Irán o Bielorrusia, o ¡Guinea Ecuatorial! y se desatienden o directamente maltratan aquellas con Perú, Argentina, Brasil, Paraguay o Chile —y ahora Ecuador—, todos hoy en las antípodas ideológicas de Morales, por motivos de estricta afinidad política. 

Pasó la hora en que los gobiernos populistas se sentían mutuamente acompañados en América Latina. Bolivia y Venezuela están solas en Sudamérica. Sus restantes socios están allende los mares y a esta distancia tienen poca o ninguna importancia estratégica o económica. 

Sería hora de que nuestros gobernantes, de éste o cualquier otro signo político, internalizaran la vieja máxima británica de que los países no tienen amigos o enemigos: tienen intereses. 

 

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