Editorial

La guerra contra el plástico

sábado, 07 de julio de 2018 · 00:15

El plástico está asfixiando al mundo. Su presencia contaminante es un problema global cuyos efectos se aprecian igual en cualquier lugar donde se pose la mirada. Y mientras más natural es el espacio, más terribles son las consecuencias porque nadie puede revertirlas. 

Según cifras de Europa, donde se han empezado a tomar medidas contra esta “plaga”, cada ciudadano consume al año 144 bolsas de plástico; el 90% de estas solo se usan una vez –entre 12 y 25 minutos– y luego se tiran a la basura. Tardan  entre 100 y 500 años en descomponerse completamente. Ocho millones de toneladas de este derivado del petróleo acaban en los mares cada año. La contaminación por plástico se ha convertido en una de las plagas del siglo XXI en la tierra y en los mares.

En ese continente ya son varios los países que están adoptando medidas concretas para paliar esta situación. Suiza hace años que exige que los consumidores lleven bolsas de tela para sus compras; Alemania tampoco entrega bolsas ni en tiendas ni supermercados a no ser que el cliente pague por ellas; España lo dejará de hacer en 2020. Inglaterra prohibió el uso de bombillas –que también representan toneladas de basura–, y Francia hizo lo propio. En resumen,  en Europa sólo se usarán bolsas que sean degradables.

En América Latina estamos lejos de adoptar medidas como las mencionadas, aunque Chile ha dado ya el primer paso al impulsar, el actual gobierno de Sebastián Piñera, una ley para prohibir a los comercios el uso de bolsas plásticas, la iniciativa surge de la preocupación de que son las bolsas de nailon la principal causa de contaminación de su extensa costa. Sólo en Santiago, la capital del país, se estima que se utilizan 62,2 millones de bolsas al año, según el gobierno chileno. 

En Bolivia no se ha siquiera discutido el tema; sin embargo, ya podemos ver cómo el nailon asfixia ríos y espacios naturales valiosos como el Salar o los Yungas, sin mencionar que prácticamente todas las ciudades están rodeadas de bolsas esparcidas por calles, carreteras y en la basura.

Aunque ya el problema de la basura es uno de los más acuciantes que afrontan los municipios urbanos y rurales, en el país parecemos estar aletargados para tomar acciones sobre la contaminación en general y el abuso descontrolado del plástico en particular. Para nuestros consumidores es una  obligación la entrega de bolsas por las compras más pequeñas y los comercios no consideran otra forma de vender sus productos.

Los cambios llegan o por decisión o por fuerza de la presión, es hora de que nos pongamos a tono con las necesidades angustiosas de nuestro planeta.
 

 

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