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Desde el faro

Obras son amores…y desamores

Obras son amores…y desamores
¿Salud al comenzar este año? Eran 300 los niños que figuran en la lista de espera para cirugías del  Hospital del Niño Manuel Ascencio Villarroel del complejo Viedma, dependiente de la Gobernación de Cochabamba desde el 2012. Los nuevos quirófanos debieron instalarse, pero la obra de ampliación fue paralizada en 2010 por daños estructurales irreparables. Allí se atienden a más de 400 niños por día y por el hacinamiento "se atiende hasta en el suelo”, se quejó un galeno agobiado en esta situación. 

 En marzo de 2015, el Hospital del Norte de El Alto se reinauguró para funcionar a media  máquina, después de 37 meses de su primera inauguración. Se lo hizo sin todos los médicos necesarios y sin que funcionen seis de sus quirófanos ya equipados, por presentar fallas de construcción. Estas historias se repiten y desnudan falencias en un sector cuya infraestructura depende de gobernaciones débiles y asfixiadas económicamente,  de un ministerio que promete personal pero no cumple y de un gobierno que persiste en recentralizar los recursos.   

 ¿Aeropuertos internacionales? Las recientes inversiones en aeropuertos, además de baja calidad y sobredimensionadas huelen a gran corrupción. El  Aeropuerto Internacional de Chimoré, localidad con 21.000 habitantes, es un elefante blanco, cuyo costo orilló los 36  millones de dólares. En 2016, durante la  visita del expresidente de Uruguay José Mujica,  se evidenció la falta de agua y otros servicios. Era como una casa nueva, llena de polvo y abandonada. En Oruro, su aeropuerto internacional costó 22 millones de dólares y "no tiene pasajeros”. A pocos meses de inaugurarse varias operadoras aéreas suspendieron vuelos y rutas promocionadas con bombos y platillos.  A la fecha son escasos los vuelos  y, como otras tantas obras, funciona a media máquina. 

 En Sucre, el flamante aeropuerto de Alcantari (también internacional) costó más de 50 millones de dólares. Luego de varias inauguraciones, finalmente entró en operaciones comerciales en mayo del 2016, hasta que su techo colapsó ante la intensidad de la primera tormenta y granizada que tuvo que soportar. La precariedad de estas construcciones y deficiencias técnicas parecen inversamente proporcionales a los abultados sobreprecios que condicionan su adjudicación y órdenes de pago al avance obras. De "internacionales” tienen poco o nada. ¿Por qué somos tan proclives a demandar inversiones faraónicas para luego experimentar tanta frustración? ¡Ojo! de esta cadena de irresponsabilidad no se libran movimientos  cívicos, que presionan "hasta las últimas consecuencias” para materializar estas monumentales y demagógicas inversiones. 

 ¿Industrialización exitosa? Con pesar y argumentos técnicos razonables para el común de los ciudadanos, varios expertos vaticinan que la planta de urea de Bulo Bulo, una de las más costosas (900 millones de dólares), será el más memorable legado y elefante blanco del evismo. La información oficial confiable es escasa, mientras nos atiborran de propaganda. Pese a su importancia, aún no cuenta con mercados, ni dispondrá, oportunamente, de la infraestructura de transporte imprescindible para su producción exportable. Similar situación que el Ingenio San Buenaventura, que no cuenta con materia prima para su pleno funcionamiento; o de Misicuni, carente de aductores y redes de distribución de agua, y túneles de trasvase originalmente no programados. 

 Por estos casos y muchos más, como el Fondo Indígena y los más de mil millones de dólares asignados en seis años al programa Evo cumple mediante "procedimientos administrativos flexibles”,  me sumo al pedido que el Presidente hiciera a periodistas: ¡No más preguntas sobre la "re postulación”! Pregunten e investiguen sobre las obras que atiborran la estantería de escándalos e improvisación institucionalizada. Después de tanta bonanza y despilfarro, y ante el anuncio de echar mano al ahorro de los bolivianos, hacerlo es un deber ineludible. 

 Después de  11 años suena vacía la promesa de que "lo mejor del proceso de cambio está por venir”. En su compulsivo afán por inaugurar y cortar la cinta, Evo debiera saber que "obras son amores pero también fuente de desamores”.  


Erika Brockmann Quiroga   es politóloga.
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