Desde el faro

Doble Moral(es)

Doble Moral(es)
Doble Moral(es)
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viernes, 24 de noviembre de 2017 · 00:03

“Qué doble moral la de Brennan: toma acciones de conspiración y ahora pide reunión. No somos de esa cultura”, ha señalado Evo en alusión al Encargado de Negocios saliente de Estados Unidos, tras una solicitud formal de éste para reunirse y despedirse del Primer Mandatario y el  Canciller Huanacuni. No sorprende que la solicitud del  “representante imperial” haya sido desestimada tras cuestionarse las reuniones protocolares que tuvo con autoridades electas y personalidades opositoras al Gobierno y a la pretensión de Evo Morales de permanecer en el poder. 


 Tampoco que haya derivado en el torpe  intento de restringir del accionar del cuerpo diplomático, dando señales inadecuadas a otros países amigos,  cuyo costo político no parece aquilatar ni interesar al núcleo del poder gubernamental.    


 La ligera y frecuente referencia discursiva a la  “doble moral” y la “conspiración” dirigida  a sus adversarios reales o imaginarios, obliga a precisar el significado de estos conceptos. La doble moral se produce cuando una persona se comporta de dos maneras  distintas respecto a una misma situación, derivando en injusticia, en la violación de los principios de igualdad e imparcialidad y en la incapacidad de tomar en cuenta su propio comportamiento dual. 


 Según la enciclopedia jurídica,  la conspiración existe cuando dos o más personas se avienen para la ejecución de un delito y resuelven ejecutarlo. Desde la perspectiva política, la conspiración abarca a un conjunto de actos llevados a fin de vencer, debilitar o socavar el poder del líder al margen de los mecanismos democráticos establecidos. 


 Dicho esto, sospecho que Su Excelencia tiene un mapa conceptual subjetivo, cargado de  una buena dosis de desinformación, ideologización y miedos anclados en su pasada experiencia como líder sindical antisistema que termina desdibujando su accionar como Jefe de Estado. Deformación preocupante, asociada a la idea de que la separación e independencia de poderes y de la justicia es creación e instrumento de dominación del imperio. Así como  al Pacto de San José sobre derechos humanos, mal concebido como una convención que privilegia el “derecho de los gobernantes para perpetuar y  concentrar aún más poder”, siendo éste el argumento central de la forzada apuesta reeleccionaria. 


 Bajo esta lógica, Evo Morales es el abanderado de la doble moral en Bolivia. No trata igualitariamente a representantes diplomáticos de Cuba, Venezuela, Rusia, China e Irán. Si bien no se cuestiona su simpatía hacia estos países con claras políticas expansionistas también imperiales, lo que se observa es la falta de transparencia de su accionar en el territorio nacional. 


 La doble moral de la nueva élite gobernante va de la mano del doble discurso  en torno  a la defensa de la madre tierra dentro y fuera del país, de la legalización de hoja de coca en el Chapare, el intercambio económico de combustibles con Chile,  con una “nacionalización” que disfraza un invariable trato hacia las transnacionales respecto al pasado con base a la devolución de gastos recuperables, entre otros temas.


 En el ámbito de la justicia, se proclama la instalación de una justicia reparadora mientras persiste la actitud inquisitorial y criminalizadora del ejercicio de profesiones libres. Se viola el principio de presunción de inocencia y se hace de la detención preventiva una norma y no recurso excepcional.

Las cifras así lo confirman. El fallido experimento electivo de las máximas autoridades judiciales abona el camino a más incertidumbre e injusticias. 


Los efectos perversos de la sui generis y personalísima  manera de ver la realidad y a sus adversarios  son contrarios al principio de igualdad, clave en toda convivencia democrática. A Evo Morales le resulta difícil sino imposible  “tratar a los demás como quisiera  ser tratado”. Su bipolaridad se asocia a la idea de doble moral  basada  en el aforismo latino Quod licet Iovi, non licet bovi que significa “Lo que es lícito para Júpiter no es lícito para todos”. 


En otras palabras, bajo esta y otras  premisas se legitima la cultura “anticambio”, es decir los privilegios de circunstanciales élites en el poder político y de su líder  terrenal erróneamente visualizado y entronizado a la diestra y siniestra de los dioses del Olimpo.           
 
Erika Brockmann Quiroga es politóloga.

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