Desde el faro

Derechos humanos: confusiones, paradojas y retrocesos.

viernes, 12 de mayo de 2017 · 12:00:00 a.m.
El excanciller David Choquehuanca ha señalado que en Bolivia no es necesaria la continuidad de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH) debido a que se implementó una democracia participativa con la que se superaron muchos temas al respecto. Destacó la iniciativa del gobierno de Evo Morales al solicitar su instalación el año 2007, momento en el que se vulneraban varios derechos a partir de formas diversas de discriminación y exclusión en el país.  Esta declaración refleja   ingenuidad y, para decir lo menos, confusión conceptual de quien, durante 11 años, lideró la política exterior en el país, cuyo entorno pachamamista llegó a calificar a los DDHH como herencia colonial, individualista y engañoso dispositivo ideológico de la civilización occidental.  

 Coquehuanca se equivoca al asociar la democracia participativa con el cumplimiento del catálogo de derechos constitucionalizados cotidianamente pisoteados. Doble paradoja, cuando el Presidente intenta desconocer los resultados de un evento de la democracia participativa, como el 21F. O ante el silencio oficial frente a la vulneración de derechos políticos y de propiedad ejercida contra opositores en santuarios (ej. Trópico de Cochabamba) donde los estatutos sindicales y procedimiento propios parecieran rebasar la misma Constitución.    

Esta confusión refleja la fetichización del Estado (Estatolatría), de las leyes y de designios corporativos. Basta evocar la declaración de  un vocero gubernamental en sentido de que la  Defensoría del  Pueblo es un instituto innecesario por cuanto el Pueblo ya es Estado, simbiosis equiparable a la lógica fascista de poder estatal. Se presume que Evo y sus amigos están vacunados y libres de toda tentación autoritaria.  

En la otra orilla, los ex defensores del Pueblo coinciden al  lamentar que la salida de la OACNUDH profundizará el vacío sobre los DDHH y la indefensión ciudadana contra las prácticas cada vez más autocráticas advertidas como riesgo por una reciente misión parlamentaria de la Unión Europea. Para varios de ellos esta salida es un retroceso,  opinión, esta última, que pongo en duda al constatar el tibio y débil alcance de las recomendaciones y preocupaciones que algún momento formulara esta oficina respecto al accionar del Estado Plurinacional en el país.  

 Entre las funciones de la OACNUDH está el brindar cooperación y asistencia técnica, velar porque las políticas y normativa legal incorporen el enfoque de los DDHH, elaborar  informes y formular recomendaciones a las autoridades. Si de leyes se trata, Bolivia podría encabezar el récord Guinnes en la enunciación de derechos que a la vez incumple flagrantemente de manera deliberada y sistemática. Ejemplos y paradojas sobran. 

 Bolivia es líder internacional en cuanto a la presencia paritaria de hombres y mujeres en sus órganos electivos se refiere, a la par que lo hace en cuanto a violencias y feminicidios se trata. La detención preventiva se convirtió en regla cuando debiera ser excepción. El principio de irretroactividad legislativa es política y selectivamente aplicado. Las decisiones de contratación por excepción de servicios y obras estatales son privilegio presidencial y de su entorno, y  causal de acusación penal  irremediable contra opositores.  El avasallamiento a los pueblos indígenas minoritarios de tierras bajas y poblaciones vulnerables fue patentizado en Chaparina y en la represión de personas con discapacidad.  El abismo entre leyes y discursos respecto a la realidad es profundo. 

 La ambigüedad recurrente es uno de los rasgos distintivos de las autocracias populistas del nuevo siglo. La vulneración de derechos  opera con base a una estrategia gradual  que al principio seduce para terminar ampliando el umbral de tolerancia hacia tanto atropello. No otra cosa significa el aplauso a medidas cautelares a víctimas de juicios que nunca debieron iniciarse.
 
Es como el huevo de la serpiente que evocara Igmar Bergman. Al final resulta incontrolable. Cuando ello ocurre, organismos internacionales como la OACNUDH caen en la impotencia y censurable inoperancia. 

Erika Brockmann Quiroga es politóloga.
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