Desde el faro

Evo: ¡Sálvense como puedan!

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viernes, 27 de abril de 2018 · 00:07

Evo le ha dicho a sus seguidores que “la derecha mezquina no quiere la superación de los pobres… que tiene mentalidad capitalista y actúa sin programas sociales” porque se rige por el principio de “sálvense como puedan”.  Tras esta arenga simplista y caricaturesca de izquierdas y derechas hoy desdibujadas, Morales partió rumbo a La Habana para reunirse con Miguel Díaz-Canel, flamante presidente de isla. Ocurría a la par de  que Vladimir Putin ratificaba la voluntad de fortalecer los vínculos de cooperación rusa con Cuba y Venezuela. Se configura geopolíticamente un mal remedo desideologizado de tiempos de la “Guerra Fría”.  


 ¡Vaya ironía! El presidente evoca el “sálvense como puedan” cuándo el éxodo de nunca acabar de miles de cubanos y, últimamente de venezolanos, es señal de desesperación y desencanto. De acuerdo a cifras oficiales, cerca de 660 mil cubanos emigraron desde la llamada “crisis de los balseros” en 1994 hasta el 2015. 


 Para otros el régimen maquilla las estadísticas bajo la figura de “repatriados temporales”, que buscan tomar un respiro tras los sacrificios a los que se somete patrióticamente al pueblo cubano.  La referencia a este evento caribeño no es casual, resulta ser la cereza de una torta cuyos ingredientes, en el contexto mundial y nacional, cierran 15 días con más miedos e incertidumbres.     


 El “Sálvense como puedan” vale para todos. Las bravuconadas del impredecible Trump; la fría ambición imperial de Putin y de una China que no duda en hipotecar y someter solapadamente a países en la región vía cooperación y expansión comercial, así lo confirman.  


 Ocurre cuando el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas no funciona, mientras Siria sigue en guerra civil bajo la injerencia de una potencia y el recelo de otras, cuando sunies y chiitas se matan en nombre de Ala, etcétera.  El mundo convertido en un campo minado que explosiona de tanto en tanto y sin fecha de vencimiento. 


 Contradictoriamente, el Presidente lo dijo, al recordarse los 24 años de puesta en marcha de la Ley de Participación Popular, la reforma redistributiva y democratizadora más radical a favor de la población empobrecida del país al privilegiar la inversión social y asegurar la articulación de territorios postergados y vacíos de Estado.  


 Habló de “insensibilidad” y falta de compromiso con el país en el centro de producción de la materia prima destinada al narcotráfico. Lo hizo cuando Bolivia confirma su condición de reino de la informalidad y el contrabando, estrangulador de un sector productivo formal arrinconado.  


 Hay razones para preocuparse. El desbande de seis países de la Unasur  no parece contribuir a recuperar la sensatez perdida. La soledad creciente de Evo en un nuevo entorno regional no parece sosegar su estridencia discursiva. La discrecionalidad clientelar con la que dispuso de bienes públicos a favor de la dirigencia de una COB domesticada y la insólita propuesta de reconocer al Conalcam estatus de consejo de Estado lo pintan de cuerpo entero: un autócrata que niega el valor del pluralismo y la independencia sindical. Inclinación pro fascista revelada. 


 Un autócrata sin reparos para endilgar la responsabilidad a exvocales del Órgano Electoral por la violación flagrante de los derechos políticos de disidentes que obstaculizaban su proyecto de poder. A propósito del reciente fallo de Naciones Unidas a favor de los libres pensantes, ¿podrá éste alertar a las autoridades del Órgano Electoral sobre los riesgos de someterse a los dictados de un poder centralista, caudillista decidido a perpetuarse en el poder? 


 No seamos ingenuos. Temo que no habrá espacio para la reconducción de un régimen extraviado en el laberinto de miedos, delirios faraónicos y corrupción desbordada y contagiosa. Lejos de moderarse, la paranoia antiimperial lo envalentona. La confrontación al límite es su juego. Por eso y mucho más hay razones para comprometerse con el salvataje de la democracia y la dignidad nacional, dignidad que no es patrimonio del MAS. De no hacerlo, ¡“sálvense como puedan”! 

Erika Brockmann Quiroga es politóloga.
 

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