Otras palabras

Los pies de barro de la reducción de la pobreza y desigualdad

jueves, 27 de octubre de 2016 · 00:00
Los niveles de pobreza y desigualdad en el mundo son alarmantes. Actualmente se estima que cerca del 20% de la población mundial sufre de hambre y que un billón de personas viven con menos de 1,25 dólar al día. También se calcula que la desigualdad en todo el globo terrestre es de 0,64, en una escala de 0 (igualdad absoluta) y 1 (desigualdad absoluta). En un mundo profundamente desigual, las diferencias entre regiones y países son significativas e, infelizmente, América Latina se ha mantenido la región más desigual, pese a las mejoras en la última década.
 
Los estudios sobre las causas de la disminución de la desigualdad y la pobreza en América Latina convergen en la hipótesis de que la reducción reciente se debe principalmente al incremento del ingreso en los sectores con menor productividad y, menos, a las políticas sociales redistributivas, como los bonos y transferencias. La explicación se centra en el excepcional contexto de los precios internacionales de las materias primas y sus efectos sobre la expansión del empleo, y de los salarios en los sectores no calificados, como comercio, servicios y construcción, muchos de éstos en la informalidad. 

Con el fin de la bonanza económica estos logros están en peligro. La desaceleración del gasto e inversión pública están revertiendo las dinámicas recientes en el mercado de trabajo, como es el caso de Brasil con 12 millones de personas desempleadas. En este contexto es importante revisar las tendencias del mercado de trabajo en Bolivia e indagar sobre la sostenibilidad de la disminución de la pobreza y la desigualdad en el país con el fin de la bonanza. 

En una investigación reciente, con base en los datos de las Encuestas de Hogares del INE, encontré evidencias que corroboran la hipótesis descrita arriba. El estudio publicado en la Revista Umbrales 27/28 del Cides-UMSA muestra que a partir de 2005 hubo expansión del empleo y de la remuneración en las ocupaciones menos calificadas, aunque sin disminución de la alta informalidad y de la marginalidad de la seguridad social de corto y largo plazo.  La expansión del trabajo se concentró en comercio, transporte y construcción. Aproximadamente el 67% de las trabajadoras y el 56% de los trabajadores ocupados en estos sectores, mientras alrededor del 80% de la población ocupada no contribuye a un fondo de pensión.   

En este periodo el mercado de trabajo dejó de recompensar la formación educativa. Las ocupaciones que requieren menos nivel de instrucción fueron las que tuvieron mayor incremento de remuneración. Los hombres con nivel superior de educación tuvieron una pérdida de  13% y las mujeres de 5% de su ingreso medio real entre 2005 y 2011. Situación inversa ocurrió con la población que tiene tan sólo la primaria completa: los hombres tuvieron un incremento de 72% y las mujeres de más del 100% de su remuneración real. Al medio están los y las trabajadores semicalificados (con hasta secundaria completa) con un incremento de 38% y de 30%, respectivamente.

Es importante notar que esto ha ocurrido tanto en el sector formal como informal. En el sector asalariado, los varones con nivel superior tuvieron una pérdida de 7% de su ingreso medio real, mientras los con secundaria incrementaron en 33% y los con primaria en 114%. En el sector independiente, los varones con nivel superior perdieron -13% de su ingreso medio real, los con secundaria incrementaron en 32% y los con primaria en 75%. Las trabajadoras independientes con nivel superior perdieron 6% de su remuneración media real, en contraposición con las trabajadoras con hasta secundaria que incrementaron sus ingresos en 43% y a las con hasta primaria en 70%.

El análisis indica que la disminución del salario real en las ocupaciones más calificadas y el incremento de la remuneración real en las ocupaciones menos calificadas y en sectores altamente sensibles a la bonanza económica explican, en gran medida, la disminución de los indicadores de pobreza y de desigualdad por ingreso en Bolivia. 

Con la caída de los precios internacionales de las materias primas y el achicamiento fiscal es probable que la dinámica laboral en Bolivia se revierta y ponga en riesgo la reducción de la pobreza y la desigualdad de los últimos 10 años. 

Fernanda Wanderley es socióloga investigadora.