La solidaridad y el espíritu navideño

jueves, 21 de diciembre de 2017 · 00:07

La cercanía de la Navidad aflora los sentimientos de solidaridad, comunidad,    compasión y reciprocidad. Las familias se preparan para compartir y los niños se llenan de expectativas por el prometido regalo. Es en esta época que se multiplican los niños en las calles con sus cajitas de monedas y las campañas de donaciones. Vivenciamos   con más intensidad nuestra responsabilidad con el próximo y también nuestra pertenencia a una comunidad con profundas desigualdades.


Ejercer la compasión en el periodo de Navidad es una forma de disminuir la indiferencia en relación a los que sufren carencias materiales y contribuir a que no sufran la decepción de no tener una cena, no contar con una ropa abrigada o no recibir un regalo en la Nochebuena.


 Este periodo del año también es un momento para reflexionar porque, año tras año, persisten familias, niños, adultos y ancianos que requieren donaciones para no pasar necesidades, no sólo durante  la cena navideña, sino en las 365 cenas del año.


Muchos dirán que estamos mejorando y que la pobreza va en descenso. Y esto es cierto, aunque hay dudas razonables sobre la sostenibilidad de estas mejoras. Todavía el 39% de la población está en situación de pobreza y el 17% en situación de pobreza extrema. En el área rural la situación es peor, con el 55% viviendo privación y el 33%, privación extrema.


Para que nuestra comunidad esté libre de pobreza necesitamos de otras formas de solidaridad. Sin desmerecer la solidaridad filantrópica que se caracteriza por la ayuda voluntaria de los privilegiados a los no privilegiados en momentos puntuales, la cual efectivamente disminuye carencias y privaciones, necesitamos construir solidaridad sistémica y democrática que erradique privaciones y penurias de forma sostenible.


La solidaridad sistémica y democrática se sostiene sobre el ejercicio equitativo de derechos, la cual forma una comunidad de ciudadanos que comparten principios de justicia, de bien común, de confianza y responsabilidad sostenida con el próximo.  En esta situación donar y recibir afirma la dignidad de unos y otros.


La solidaridad sistémica y democrática ocurre en sociedades que canalizan sus riquezas, de forma eficaz, eficiente y sostenible, para proveer bienes y servicios fundamentales y de calidad para el conjunto de sus ciudadanos. Supone priorizar la canalización de los ingresos públicos a servicios de salud, educación, vivienda y protección social por encima de cualquier otro gasto o inversión en edificios lujosos, canchas de fútbol, propagandas u obras que no responden a las necesidades de la población.


La consolidación de la solidaridad sistémica y democrática requiere de políticas universales y de calidad para la provisión, y del acceso al cuidado de niños, niñas, adolescentes, adultos mayores y personas con discapacidad en situación de dependencia.  Pertenecer a una comunidad política en la que el cuidado es un bien público significa valorar los lazos de cooperación y solidaridad, para efectivamente dar vigencia a los derechos de protección y bienestar de todos los ciudadanos. 


Las políticas públicas integrales de cuidado son necesarias para desmontar uno de los principales mecanismos de reproducción de la pobreza, la exclusión social y las desigualdades socioeconómicas de género, generacionales y étnicas: la distribución desigual de la provisión y del acceso al cuidado.


El derecho al cuidado ya fue reconocido en el marco normativo internacional. Su incorporación en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la Naciones Unidas significó un paso fundamental en el marco de los acuerdos globales. El objetivo 5. “Alcanzar la igualdad de género y empoderar a las mujeres y niñas” incluye el mandato de “reconocer y valorar el cuidado no remunerado y el trabajo doméstico.” La meta 5.4 establece la necesidad de los Estados “de proveer servicios públicos, infraestructura y políticas de protección social, bajo el enfoque de la corresponsabilidad del cuidado”.


Pese a que el cuidado como derecho social se consolidó en el marco normativo internacional y es reconocido, aunque implícitamente, en la Constitución Política del Estado, y en las normativas nacionales, las políticas de cuidado son aún incipientes en nuestro país. Falta mucho por hacer en este campo. Ojalá que el espíritu navideño nos inspire más allá de la solidaridad filantrópica, hacía la construcción sostenible de solidaridad sistémica y democrática. Les deseo feliz Navidad y un próspero año nuevo.

Fernanda Wanderley es socióloga investigadora.