Otras palabras

Bolivia fuera del orden democrático

jueves, 07 de diciembre de 2017 · 00:06

Últimamente me sorprendo repitiendo el estribillo de la famosa canción del músico brasileño Caetano Veloso – Fora da orden (Fuera del orden)–. Sin duda es una forma de expresar el sentimiento de vivir tiempos de realidades inventadas que, pese a su sin sentido, se imponen en contra de los principios constitucionales y la voluntad popular. 


A cada nueva declaración de los mandatarios de Bolivia, aumenta la sensación de un mundo oficialista paralelo y cada vez más alejado de la ciudadanía. Pese a que en tres oportunidades los y las bolivianas dijeron No a la reelección indefinida de Evo Morales y Álvaro García Linera, ellos insisten en no escuchar la voluntad popular, y desordenar el juego democrático.  


Para reafirmar que no somos nosotros los que están fuera del orden, repaso lo ocurrido.    


En 2009, vía referendo, la mayoría de los bolivianos aprobó una nueva Constitución Política del Estado que establece dos mandatos presidenciales consecutivos. En este mismo año, Evo Morales fue reelecto con 67% de votos. Según la Carta Magna, impulsada por él mismo, en 2013 concluirían sus dos mandatos consecutivos. 


Sin embargo, este mismo año Evo Morales se habilitó como candidato a un tercer mandato con un polémico aval del Tribunal Constitucional. La bizarra justificativa oficialista fue que los anteriores mandatos ocurrieron en “otro país” anterior al Estado Plurinacional de la nueva Constitución y, por lo tanto, no se trataría de un tercer mandato. Así, el presidente fue reelecto en 2014.


Como un tercer mandato no era suficiente, Evo Morales decidió convocar a un referendo en 2016 para reformar el artículo 168 de la Constitución, el cual limita la reelección. Lo que el Presidente no esperaba era la victoria del No a su propuesta de habilitación como candidato a un cuarto mandato, en 2019.


De acuerdo a la ley, esta consulta popular tenía carácter vinculante y de vigencia inmediata y obligatoria. En el orden del sentido común, el tema estaba resuelto: Evo Morales y Álvaro García no podrían presentarse como candidatos en las elecciones de 2019. 


Sin embargo, y como para el Gobierno la realidad puede ser inventada, el oficialismo presentó al Tribunal Constitucional una demanda de  inconstitucionalidad de cuatro artículos de la Constitución. La justificativa una vez más dejó a todos estupefactos: la inconstitucionalidad de artículos constitucionales por supuestamente vulnerar el derecho de ser elegido de Evo Morales y Álvaro García Linera, derecho que estaría garantizado por el artículo 23 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.


En el orden paralelo de los gobernantes en Bolivia, en el cual no hay separación e independencia de poderes, el Tribunal Constitucional aceptó la demanda y habilitó la cuarta candidatura del Presidente y Vice-presidente en 2019. 


Esta decisión ocurrió en la misma semana de la elección para jueces y frente a la indignación ciudadana, la votación del último domingo se convirtió en un plebiscito a favor o en contra de la decisión del Tribunal Constitucional. 


Por tercera vez la ciudadanía dijo No a la intención de perpetuación indefinida en el poder de los mandatarios a través de la victoria de los votos nulos. El malestar de la población no sólo se expresó en más del 50% de votos nulos, como también en los mensajes dejados en las papeletas, en las manifestaciones en las calles y en las redes sociales. 


La estrategia oficialista de cambios constitucionales y discursos que buscan cubrir con un velo “democrático” lo que en realidad es vulneración de las reglas del juego político no convence ni a los bolivianos ni a la comunidad internacional. 


La OEA fue clara sobre la no procedencia de la interpretación del gobierno boliviano de la Convención Americana de Derechos Humanos debido a que el derecho a ser elegido nunca puede transformarse en un derecho a eternizarse en el poder. De igual manera, la población no es tonta y sabe muy bien que la vulneración del principio de alternancia en el poder, explícitamente establecida en la Constitución y avalado por la voluntad popular en tres oportunidades, pone a Bolivia fuera del orden democrático. 


Fernanda Wanderley es socióloga investigadora.

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