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La medición parcial de la desigualdad en Bolivia

jueves, 11 de mayo de 2017 · 12:00:00 a.m.
Según los datos que conocemos, la desigualdad ha disminuido en América Latina y Bolivia, entretanto hay cuestionamientos a la metodología que está detrás de la medición, los cuales quiero compartir con ustedes en este artículo. Uno de los principales indicadores es el Coeficiente de Gini, que mide la desigualdad monetaria. Este varia de 0 a 1, donde 0 denota una sociedad con perfecta igualdad y una  sociedad con perfecta desigualdad. En América Latina el Coeficiente de Gini pasó de 0,54 en 2002 a 0,49 en 2013 y en Bolivia pasó de 0,61 a 0,46 en el mismo periodo. 

Sin embargo, ¿qué exactamente mide este indicador? ¿Mide la desigualdad de riqueza o la desigualdad de ingresos de la clase trabajadora? ¿Es correcto concluir que la disminución del Coeficiente de Gini significa que hubo una mejor distribución de la riqueza y que los pobres están recibiendo una parte más importante de la riqueza mientras los ricos una menor? La respuesta es no. El Coeficiente de Gini en Bolivia mide la desigualdad de ingresos de la clase trabajadora y no la desigualdad de riqueza. 

Y para comprender esta afirmación son necesarias dos aclaraciones metodológicas sobre la construcción del indicador de desigualdad. En Bolivia la principal fuente de información para calcular la distribución de los ingresos es la encuesta de hogares. Esta encuesta está dirigida al grupo poblacional menos favorecido  y no incorpora los estratos más altos de la población. Esto se comprueba al verificar el límite superior de los ingresos incluidos en las muestras de la encuesta, los cuales no son los más altos de la población. 

De esta manera, la distribución del ingreso que capta el Coeficiente de Gini con base en la encuesta de hogares se refiere a la relación entre los estratos económicos medios y bajos, y no así entre los estratos altos y bajos de la población.  En otras palabras, el decil (grupo) más alto del indicador de desigualdad no se refiere al estrato más rico de la población.  

 Una segunda consideración importante sobre la construcción de los indicadores monetarios de desigualdad se refiere a que la encuesta de hogares capta principalmente los ingresos corrientes tanto laborales (salario o remuneración) como no laborales (bonos y transferencias). La encuesta no se propone captar el stock de recursos acumulados por los hogares, como el valor de inmuebles, de acciones y de ahorro. 

 Considerando que la encuesta no incluye a los estratos más altos de la población y que no capta la riqueza acumulada por los hogares, los indicadores de desigualdad construidos con base en esta fuente de información no miden la distribución de la riqueza en la sociedad, esto es las distancias entre los más ricos y los más pobres. En contraposición mide la distribución de ingreso entre la clase media y la clase baja.  

 La limitación de los indicadores de desigualdad de la riqueza construidos con base en esta fuente de información fue ampliamente analizada por los estudiosos de la desigualdad como, por ejemplo, Piketty y su equipo de investigadores que escribieron el famoso libro El capital en el siglo XXI. Ellos muestran que se requieren diferentes  metodologías con base en otras fuentes de información como, por ejemplo, las declaraciones de renta anual de la población y registros del capital y utilidades de las empresas para medir la desigualdad de riqueza.

 Estas aclaraciones metodológicas son importantes para la interpretación adecuada de la evolución de los indicadores de desigualdad. Con base en el Coeficiente de Gini  es correcto afirmar que en Bolivia ocurrió una disminución de la diferencia entre los ingresos de la clase media trabajadora y los ingresos de la clase baja trabajadora. Y es incorrecto afirmar que en Bolivia ocurrió una mejora en la distribución de la riqueza y, por lo tanto, un acercamiento entre ricos  y pobres. 

 Con la adecuada compresión de los alcances de la medición de la desigualdad, es igualmente importante analizar las diferencias en la evolución de estos indicadores. En el estudio La deuda social en Bolivia, del Instituto de Investigaciones Socio-Económicas de la Universidad Católica Boliviana y de la Fundación Jubileo muestra un panorama ambiguo. Por ejemplo, en 2015 el área rural presentó niveles de desigualdad monetaria similares a los que experimentó el área urbana a principios de siglo. Así mismo, muestra el estancamiento a partir de 2011 de los indicadores de desigualdad y pobreza. 

 Este estudio, además, analiza las múltiples dimensiones de la desigualdad que no son captadas por el Coeficiente de Gini. Estas se refieren al ejercicio efectivo y en igualdad de condiciones de los derechos a educación, salud, vivienda de calidad, servicios básicos y trabajo digno entre el área urbano y rural, entre hombres y mujeres, entre indígenas y no indígenas, y entre ricos y pobres.

Lamentablemente, no tenemos el panorama completo de la desigualdad en el país por las carencias metodológicas señaladas, por lo que se requiere más trabajo investigativo para avanzar soluciones de largo plazo. Indicadores parciales políticamente utilizados no hacen bien al debate público y menos aún a los pobres. 


Fernanda Wanderley es socióloga investigadora.