Otras palabras

Tiempos de limitados diálogos

jueves, 22 de junio de 2017 · 00:00
Vivimos tiempos raros. Tiempos de limitados diálogos. Tiempos donde el disenso no es bienvenido y los debates argumentados y constructivos son peligrosos. Se respira un ambiente de reservas sobre lo que se va a decir y con quiénes se va a dialogar. Tiempos en que los ciudadanos son catalogados como amigos o enemigos del rey. Tiempos de listas negras, tanto de nombres como de temas. Tiempos en que reemplazamos el testamento bajo el brazo por el aval del gobierno para seguir trabajando. 

La cancha que demarcó el régimen es estrecha. Solo caben amigos y enemigos del MAS. Un juego que ahoga los debates plurales, que calla las críticas a las políticas públicas y dificulta la construcción de alternativas al modelo económico. Un juego sin jugadores y sin visiones discordantes. Las tácticas dominantes son la descalificación del interlocutor y la negación de los problemas que enfrentamos como sociedad. Un juego defensivo donde los pases son mediocres y cuyo resultado es un cero a cero decepcionante de ideas y argumentos.

El Gobierno ha logrado mantener este tipo de juego a flote. Sus técnicas hasta ahora fueron efectivas. Los actuales gobernantes muestran conocer muy bien los canales que permitieron la construcción de discursos, voces y movimientos contra hegemónicos del régimen que ellos lograron derrumbar. Y con conocimiento de causa buscan destruir estos mismos canales, los cuales hacen el juego democrático, la posibilidad de alternancia en el poder, la renovación de líderes políticos (oficialistas y no oficialistas), el fortalecimiento de la sociedad civil, y del control social y político de los poderes. 

Sus enemigos más evidentes son las ONG que ellos un día trabajaron o que tuvieron como aliados en el pasado; los periodistas independientes que anteriormente los defendieron de abusos de poder; las organizaciones sociales campesinas e indígenas, intelectuales y activistas que denuncian los atropellos a la Constitución y el no cumplimiento de los compromisos políticos con las autonomías de los pueblos indígenas, la protección de los parques y reservas naturales, y la superación del modelo de crecimiento extractivista depredador del medioambiente.  

En una sociedad cuyo rol de la cooperación internacional, de las organizaciones no gubernamentales y de los medios de comunicación fue fundamental en la promoción de investigaciones y de debates públicos, cercenar este rol se convirtió en una de las estrategias más importantes. 

El mensaje oficialista es claro: si quieres seguir trabajando en el país, resguardar tu relación con el Gobierno, tener tu personería jurídica renovada, recibir financiamiento público o de la cooperación o mantener tu trabajo, entonces mucho cuidado con lo que hablas y escribes, con quienes invitas o te relacionas y cuáles temas, organizaciones y eventos financias. 

Aceptar este juego tiene consecuencias nefastas para la democracia en el país. Es un precio muy alto que cobra el Gobierno: relaciones con él a puertas cerradas, bajo perfil en la discusión pública, participación o apoyo solo a espacios controlados, realización de estudios "permitidos” y no divulgación de resultados "inconvenientes”.  

Asistimos a la cooperación  internacional enfrentar el dilema de aceptar o no la factura que reclama el Gobierno. De igual manera asistimos a los tomadores de decisión y técnicos del Gobierno afrontar la disyuntiva de repetir como loros los discursos triunfalistas y agresivos contra las voces disonantes o abrir diálogos honestos sobre los problemas y desafíos que enfrentan el país y la gestión pública.  

En este momento "los rebeldes” son los nuevos héroes y las nuevas heroínas. No es fácil ser enemigo del rey y no aceptar pagar el precio que éste cobra. Pero gracias a ellos y ellas todavía se respiran aires democráticos. 

También hay señales alentadoras, aunque todavía tímidas, de parte del Gobierno. Por primera vez después de diez años tuve la alegría de escuchar una presentación sincera de un funcionario público sobre los problemas políticos, sociales y ambientales que enfrenta el país. Ahí estaba, en un ambiente académico, un tomador de decisión señalando las limitaciones de la gestión y las dificultades del Gobierno para construir estrategias integrales y técnicamente sustentadas para dar respuestas a serios y apremiantes problemas públicos. Una presentación en sintonía con el espíritu democrático de diálogo con la sociedad. 

Salí de la presentación deseando su permanencia en el puesto y el contagio de su actitud a todas las instancias del poder público. También me fui pensando en el rol fundamental que juegan las universidades independientes y sus centros de investigación en la actualidad. A ellas les toca asumir un rol más protagónico en la promoción y financiamiento de estudios serios, de evaluación objetiva de política pública y de recuperación de espacios de argumentación y diálogo respetuosos entre voces disonantes en el seno de la sociedad civil.
 
Fernanda Wanderley es socióloga investigadora.