2018: las elecciones más inciertas de Brasil

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jueves, 26 de abril de 2018 · 00:07

Faltando menos de seis meses para las elecciones a la Presidencia de Brasil, el escenario político no podría ser más incierto. Está difícil hacer previsiones de las tendencias políticas que se impondrán en los próximos meses. A cada día la situación cambia. 


A inicios de 2018, el panorama electoral estaba dominado por dos candidatos. El expresidente Lula con los índices más altos de intención de voto y en segundo lugar, el diputado Jair Bolsonaro. Para los que no conocen a este último, Bolsonaro es un político de extrema derecha que defiende a la dictadura militar, la pena de muerte, la tortura, la discriminación y la violencia contra negros, mujeres y comunidad LGBT. 


En los últimos meses, Lula fue condenado y preso y Bolsonaro fue denunciado por crimen de racismo e incitación a la violencia por la Procuradoria General de la República (Fiscalía) al Supremo Tribunal Federal. Además, las investigaciones policiales y judiciales contra la corrupción ahora se centran en los líderes de los otros partidos políticos. El senador Aécio Neves, del Partido de la Social Democracia Brasileña, principal partido de la oposición y principal oponente de Dilma Roussef en las últimas elecciones, fue imputado por corrupción. 


El actual presidente de la República y vicepresidente del gobierno de Roussef, Michel Temer, del partido Movimiento Democrático Brasileño, uno de los más grandes de Brasil, también enfrenta investigaciones  por corrupción. 


Las evidencias en contra de ambos son contundentes y probablemente afectarán negativamente las chances electorales de estos partidos en octubre de este año.  No hay que olvidar que 84% de la población apoyan las investigaciones sobre corrupción y quieren que los culpables sean castigados. 


También empiezan a surgir nuevas candidaturas. Dos llaman la atención: Joaquim Barbosa, el primer juez negro que llegó a la Corte Suprema de Justicia de Brasil, y Marina Silva, que obtuvo 20 millones de votos en las últimas elecciones. Tienen en común haber conocido la pobreza en la infancia y juventud, una trayectoria de superación personal y una reputación incólume. Barbosa sería el candidato del polo más conservador y Silva del polo más progresista. También está Ciro Gomes, un exministro del gobierno de Lula. 


Sin embargo, Lula y Bolsonaro siguen como precandidatos con la mayor intención de votos. En la última encuesta de Datafolha de abril, Lula perdió votos pero sigue liderando las encuestas (31%), mientras Bolsonaro dejó de crecer pero mantiene la segunda posición en intención de votos (15%).  


Aunque es improbable que Lula sea habilitado como candidato, todavía existe la posibilidad de recurrir al Supremo Tribunal Electoral y al Supremo Tribunal Federal. Nada es imposible en el marco de un sistema político empeñado en neutralizar las investigaciones sobre los esquemas de corrupción y de un sistema judicial dividido entre los que apoyan el combate a la corrupción y los que no.


En relación a Bolsonaro, la situación es aún más difícil de prever. Este es el mayor peligro que enfrenta la sociedad brasileña en las próximas elecciones. Sólo para tener una idea de quién es este político, cito algunas de sus declaraciones públicas. En discusión con una deputada federal, Bolsonaro le dijo “Jamás te violaría sexualmente porque usted no merece”. 


En relación a la comunidad LGBT afirmó: “No voy a combatir o discriminar, pero si veo a dos hombres se besando en la calle les daré una paliza”. En un seminario se refirió a las comunidades negras como grupos que “no hacen nada, ni para procrear sirven” y en relación a las mujeres utilizó su hija de seis años como ejemplo: “Yo tengo cinco hijos. Fueron cuatro varones, en el quinto me debilité y vino una mujer”. 


En un contexto de deslegitimación del sistema político, el incremento de la violencia en las ciudades brasileñas y la baja cultura democrática, aventureros políticos de extrema derecha como Jair Bolsonaro pueden continuar ganando terreno. Sería un error subestimar sus posibilidades como ocurrió en Estados Unidos con Donald Trump.


Como la esperanza es la última que muere y como dice un dicho popular “Dios es brasileño”, seguro ocurrirá un milagro y en los próximos meses se madurarán alternativas democráticas y progresistas con candidatos potables, íntegros y con propuestas serias para cambiar el sistema político y moralizar lo público.
 

Fernanda Wanderley es socióloga investigadora.

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